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Martes 12 de Diciembre de 2017

3 diciembre 2017

¡Cantan los PODERS!

Qué fácil que es viajar con la música, ir a otros lugares. Esos sonidos que son “capaces de elevarte hasta el cielo” como dice el Padre Juan Ángel. Voces y melodías que nos acompañan en la vida y que dan valor en los momentos más difíciles. Melodías que han sido y son testigos de grandes momentos.

Muchos que peinan canas se acuerdan de los PODERS, grupo de música que desde 1966 a 1970 fue el centro de reunión de miles de personas en toda la región.

Todo empezó por 1965, cuando unos cuantos “vagos” a los que les gustaba la música se reunieron… “Dos muchachos serios y trabajadores: el “gordo” Recofsky  y Luis Ponce y nosotros, cuatro vagos, Julio César “el Fula” Diprimio, Alfredo “Poto” Esnaola, Juan Sosa y yo, Juan Carlos Olea. Éramos “Vagos” como le decían antes a la gente que andaba con la música”.

En realidad, muchachos de menos de veinte años que no tenían nada de vagos, que nunca supieron leer música pero que tenían un oído fantástico se habían largado a tocar “por su cuenta”.

En 1966, empezaron despacito, como con miedo en los Bailes de Carnaval en el Club Comercio, en el salón sobre la calle Irigoyen, antigua salón de la Sociedad Italiana. Era la época de furor en Club Deportivo, pero ellos debutaron en Comercio, yendo todas las noches y llenando cada día más el salón. Tocaban canciones de Palito Ortega, Los Iracundos, Leonardo Favio, alguna de Sandro.

Juano Sosa recuerda perfectamente el día: 19 de febrero de 1966 en el Club Unión Empleados de Comercio. Formaban el grupo Luis Ponce, Juan Varlos Olea en canto, Julio César “el Fula” Diprimio en la batería, Alfredo “Poto” Esnaola en teclados, Néstor “el Gordo” Recofsky en guitarra y Juan “Juano” Sosa en bajo.

Un día, con un par de canciones en la manga y en el alma, le pusieron el nombre: PODERS con las iniciales de cada uno de ellos. Los Carnavales los definieron, los Bailes de Entrecasa en Comercio, los llevaros a ser mentados. Ni ellos mismos se dieron cuenta en esos tiempos de lo que fueron los PODERS en la región por su repercusión y lo importante de sus giras.

En el año 1967, los carnavales con los Poders fueron en el Prado Español. El lugar se alquilaba para eventos y ese año, el grupo de Beto Molino, Chiche Nápole y Jaime Sastre fueron los empresarios que decidieron no usar el tradicional escenario, sino que armaron uno en el medio de la pista con toda la gente bailando alrededor.. “Un día se  juntaron más de 3000 personas en el Prado, impresionante para Alvear, una barbaridad”, cuenta Juan Carlos Olea con pasión.

En 1968, nuevamente carnavales en Comercio “Carnavales en la selva”, con un Club lleno de palmas, guirnaldas y enredaderas, los Poders batieron todos los records.

En esa época, la gente no cantaba casi, bailaba. Por ahí un poquito con las canciones como La Bamba o Ciudade Maravillosa, pero sino todo era bailar. Juntos, en pareja la mayoría de las veces. Los Poders tenían un repertorio lento donde los hombres “le cortaban la cintura a las mujeres” y otras canciones para bailar separados como el carnavalito, o Despeinada… “Muchos querían bailar juntitos… nosotros veíamos todo desde el escenario y teníamos una alma algo maligna: cuando veíamos desde arriba que uno estaba muy enamorado, después de hacer “aquí estoy a tu lado”…, -la canción Mi Promesa-, y cuando ya estaba muy enamorado, le dábamos con ¡“Felicidad, Felicidad”! de Palito Ortega… Siempre serios, pero nos divertíamos como locos” cuenta Juano Sosa.

Testigos de uniones y desamores, pero fieles al refrán del que toca nunca baila, fueron con sus canciones el encuentro o la desunión de muchas parejas porque “desde ahí arriba todo se ve”.

A pesar de su corta edad, la profesionalidad y carisma de los Poders trascendió.

En  1968, y con la mediación de Luis D Agosto, fueron invitados a tocar en el Salón Blanco de la Municipalidad de 25 de Mayo organizado por el Club Leones. “Llegamos y era toda gente mayor, cuenta Juan Carlos, y qué hacemos? Y le dimos con todo y les gustó, y a partir de ese momento “los contratos nos llovían por todos lados”.

En una estanciera que pertenecía a “Bachicha” Orlando Barbalarga y por caminos de tierra empezaron a viajar. A Norberto de La Riestra, Chivilcoy, 25 de Mayo, Las Flores, Rauch, Olavarría, Pourthalé, Roque Pérez… ¡“Saladillo ni hablar”! dice Juano Sosa.

Amontonados en la estanciera, viajaban apilados los seis músicos, más el conductor y todos los instrumentos: “la Rana” que era una batería verde que tenía el Fula; “La Bataraza”, la guitarra tornasolada de Luis Ponce; “El Palomo”, un bajo blanco reluciente de Juano; el teclado del Negro Esnaola; la guitarra Ecco de Recofsky que le decían “La Económica”; los bafles grandes de Recofsky tan pesados como un “Ternero” y que no podían subir a los escenarios y por supuesto, “El Diablo”, un micrófono Shure hermoso que tenía una funda de terciopelo rojo y que cuando lo amagaba Juan Carlos, “cantaba solo”.

El cancionero, muy variado, todo lo que se escuchaba en la radio o en los discos que podían comprar: Felicidad, Oh Carol, La Bamba… tenían un repertorio ya de unas 80 canciones sacadas de oído: si bien no había un líder, el “Gordo” Recofsky era el que, mientras trabajaba en la tintorería, escuchaba la radio y sacaba los tonos de las canciones. Agarraba la guitarra, y tocaba la melodía que llevaba al ensayo o por ahí, algún disco que conseguía y que era pasado una y otra vez levantando la púa para copiar la letra. Todo a pulmón, dándole a cada canción un inicio y un final estilo Poders.

“Juan Carlos se gastó el universo, la luna, las estrellas y los atardeces pero jamás dejó de cantar si se olvidaba la letra” dice Juano sonriendo y moviendo sus brazos con esa forma tan característica y espontánea que tiene. Y así era, Juan Carlos nunca se quedaba callado. Cantaba en italiano canciones de Roberto Carlos, en portugués o en inglés las canciones de Los Beatles.

La base de los Poders: el bajo de Juan Sosa y la batería del “Fula” que se bancaban cualquier distracción de los demás. El Fula siempre estaba cambiando los sonidos y al redoblante le hacía mil cosas. Un día se compra una batería nueva: como había discutido con Coco Martínez que había hecho otro conjunto que se llamaba “Los Huracanes”, el Fula compra el platillo más grande que le ofrecen para que fuera precisamente MÁS grande que el de Coco. Es así que el platillo fue el más grande pero sonaba espantoso, así que le hizo agujeros y agregándole remaches y arandelas consiguió un efecto distinto, como ninguno. Juano recuerda lo lindo que sonaba la campanilla del platillo y al final, mataba, pero eso sí, lo tenía que agarrar con la mano porque no dejaba nunca de sonar.

Luis Ponce, uno de los más serios del grupo, con la guitarra. Él y Recofsky eran los que tenían trabajo fijo y más dinero, y así podían comprar el wawa, un cuadradito que distorsionaba el sonido y en el pie, el wauwau… “Ahora esos chiches los tienen todos pero en ese momento, nadie los tenía”. Además, Luis tocaba la melódica y Recofsky el xilofón.

El chaleco sin mangas color verde del debut se fue transformando en camperitas bordó, saco tipo smoking verde y con solapa negra, trajes blancos, o  unos tornasolados que todavía conserva Juano Sosa en su ropero… Juan Carlos tenía un saco de lamé dorado y después uno con muchos botones como el de Los Beatles…

En 1969, en el apogeo de Los Poders se retira Luis Ponce y se integra Guillermo Sosa en guitarra. Siguen andando, cumpliendo contratos que llovían de todos lados pero también divirtiéndose como locos. Ya no viajaban con Bachicha Barbalarga, ahora iban en un Valiant nuevito de Tito Corti. Tantas personas e instrumentos amontonados dejaban al Valiant mirando el cielo, “como sapo con callos”, yendo a Daireaux, Olavarría, Roque Pérez…

Durante los años 1969 y 1970 son contratados para los Carnavales en 25 de Mayo: salían en todos los diarios y se los disputaban cada año entre los Clubes Alumni y Plaza Italia… Dos años completos estuvieron viajando hasta Veinticinco  con cada vez más éxito. Los llamaban de todos los pueblos, iban a los campos, casamientos, a los bailes de las escuelas… Tantas noches con infinidad de anécdotas para contar…

Un día, cargan combustible en Saladillo y salen para Norberto de la Riestra; por el camino, en el paraje “La Rabia” se quedan sin nafta: el auto estaba tan bajito que arrastrando por esos caminos de tierra había perdido el tanque. Dos salieron caminando a buscar el tanque y a traerlo a la rastra y otros dos a buscar auxilio. Eran muy mimados por todos, los trataban muy bien, los recibían con alegría, les hacían la comida y los cuidaban en todos los pueblos donde iban haciendo cantidad de amigos.

“Fue un grupo humano muy bueno, unido. Nos separamos como orquesta pero estuvimos juntos toda la vida, pero no era fácil”. Muy jóvenes, trabajaban todo el día y a la noche, a ensayar dos horas. Los fines de semana, a tocar y volver al otro día, sin dormir, cansados y llenos de tierra o mojados cuando llovía, entre canciones de Leo Dan o los Beatles.

Los Poders fueron con su música y juventud a todas partes repartiendo momentos y emociones, viviendo intensamente.

¡Cantan Los Poders gritaba la gente!

Una caricia para el alma.

 

La foto corresponde a una presentación del Grupo Los Poders en el Prado Español de General Alvear, en el año 1966.

 

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