Todos recordarán aquel comercial en que el mayordomo, Jaime, llevaba un muy conocido jugo a un niño caprichoso al que debÃa servir. ¿Se acuerda como era la escena? Jaime, pacientemente, pero con cierto disgusto, cumplÃa con las exigencias de este chiquilÃn que siempre querÃa más. Haciendo un paralelismo, si revisa su experiencia laboral, seguramente en alguna ocasión se sintió identificado con este personaje que en su trabajo entrega algo que a su criterio es demasiado bueno para quien lo recibe y, por lo tanto, considera que "no se lo merece".
Muchas veces quienes tienen personas a cargo esperan que sus empleados tengan un alto desempeño, se esfuercen por mejorar y se muestren predispuestos a tomar nuevas tareas. Se da por entendido que estas son condiciones que el empleado acepta como parte de su trabajo. Esta situación en principio no presentarÃa ningún problema si todos cumplieran con estas expectativas y recibieran en consecuencia igual premio. Sin embargo, esto nunca sucede porque las personas difieren entre sà en múltiples aspectos tales como prioridades, actitudes, aptitudes, grado de compromiso con las tareas y con los demás. Ante esta realidad si no se hace el esfuerzo de observar los desempeños individuales y retribuir en consecuencia, en el mediano plazo todos tenderán a cumplir solo con las expectativas mÃnimas requeridas para conservar su empleo.
Por lo tanto, tan importante como plantear las expectativas que se tienen respecto de los empleados es el poder medir el grado de cumplimiento de las mismas y comunicárselo a fin de motivarlos a continuar en ese camino o incentivarlos a cambiarlo. Dado que los jefes no pueden estar las 8 horas junto a cada uno de sus empleados viendo cómo trabajan, deben basarse en indicadores que les permitan ver el desempeño. Es fundamental que conozca que tareas hace, cuales son los niveles estándar de la variables asociadas a la tarea, cuanto demora, que herramientas usa, que errores surgen, que opinión tienen de su trabajo los clientes y compañeros. En definitiva, el jefe debe tomarse el tiempo de conocer al máximo la tarea que hacen sus empleados para poder identificar si hubo mejoras desarrolladas por una persona a lo largo del tiempo o por cambio del responsable de la tarea.
Cuando un empleado se esfuerza por hacer bien su trabajo, cumple con lo esperado y además hace esfuerzos extra, es necesario que su superior lo note. La falta de reconocimiento lleva a que un colaborador que tenÃa entusiasmo, decaiga, cometa errores, se vuelva incrédulo y piense que es inútil esforzarse porque nadie lo notará.
Un error común por el cual se evade el reconocimiento es creer que este significa un aumento de sueldo o representa una amenaza para su posición, cuando en realidad el sueldo si bien es importante no lo es todo y no hay peor amenaza a su posición que un grupo desmotivado que no consigue los objetivos.
Si los esfuerzos no se premian ni el bajo desempeño se sanciona, el pretender el rendimiento al máximo de las posibilidades no difiere de la actitud caprichosa de aquel niño que siempre pide más sin razones que lo justifiquen.
| < Prev | Próximo > |
|---|



20 06, 2009
Votos: +0