En la Argentina poco más de medio millón de personas se encuentran indocumentadas. Esto es, personas que no fueron anotadas al nacer en el registro oficial, por ende carecen de una partida de nacimiento y de un DNI.
Son invisibles en las estadÃsticas oficiales, viven su vida en la precariedad y la informalidad.
Esta certificación de identidad, ha de permitirle a cada individuo ser reconocido por el Estado y adquirir una identidad que lo ha de acompañar a lo largo de su vida.
El registro del nacimiento es la constancia oficial que da cuenta de la existencia de una persona a través de la inscripción de su nombre, del de sus padres (datos filiatorios) y de su relación con el Estado (su nacionalidad).
Acceder a la educación, a un hospital público, acceder a un beneficio social, acceder a un empleo y gozar de los beneficios sociales de los trabajadores son Derechos indiscutidos, pero solo pueden acceder aquellas personas que se encuentren registradas con su correspondiente Partida de Nacimiento y su Documento de identidad. Estos Derechos no pueden cumplirse plenamente para miles de Personas por carecer de una constancia que acredite su Identidad.
Cuando una persona nace, sus padres tienen hasta 40 dÃas para anotarlo en el Registro Civil. Pasado ese tiempo, la inscripción está fuera del plazo legal y los padres deben realizar un pequeño trámite en la justicia de menores previo a la inscripción en el Registro Civil correspondiente. Cuando pasan más de 6 años, es un juez el único que puede autorizar la inscripción.
Los indocumentados no votan ni pueden ser votados, no pueden participar en el sistema bancario, no pueden iniciar procesos judiciales, ni pueden acceder al sistema crediticio que le permita salir de la marginalidad laboral. En estas condiciones, es probable que sus hijos también sean indocumentados.
Esta problemática que otrora era un fenómeno rural, hoy ataca principalmente a las personas de barrios pobres en los grandes centros urbanos del conurbano y en la periferia de la ciudad de Buenos Aires.
En las escuelas estatales de educación básica inscriben en forma precaria a niños indocumentados con la categorÃa de documentación en tramite con el solo afán de garantizarles el derecho a la educación. Pero no siempre son asistidos para obtener su DNI. Sin DNI los indocumentados no pueden ingresar a la escuela secundaria.
En los hospitales públicos la situación es similar. Se atienden urgencias y se realizan vacunaciones sin DNI, pero no pueden efectuar tratamientos prolongados.
¿Las causas? Son variadas. La principal, la pauperización y la pobreza.
La hiperinflación del 89 y la década del noventa conformaron un nuevo sujeto en la pobreza, cuya vida transcurre en condiciones paupérrimas. El ejemplo cabal son los casos de Madres con hijos adultos documentados que no inscribieron a sus hijos menores. Los mayores de 18 tienen DNI, los menores ya no.
Aún los indocumentados no forman parte de la agenda de las autoridades públicas en ningún orden, los partidos polÃticos no hacen campaña con el tema de los indocumentados y las ONG que trabajan en la pobreza destinan sus esfuerzos por otro tipo de reivindicaciones. En fin, personas que viven como NN sus vidas ante el desconocimiento general del resto de la población.
En la Argentina se habla de los derechos humanos con una visión que hace eje en el pasado sangriento de la dictadura y se los sigue asociando con un momento histórico determinado.
Pero hay una agenda que nadie toca y que duele para quienes ven vulnerados sus derechos, una agenda a la que es difÃcil de abordar porque nos toca ahora y no en un pasado lejano.
Los indocumentados son hoy y ahora la reivindicación primaria de los derechos humanos.
Hacer visible esta realidad, también es discutir una agenda de los derechos humanos con una visión transformadora de la realidad y no solo una acción discursiva de un pasado que florece lejano.
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18 04, 2011
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