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TANGO
Sos el verso sensiblero de una rante fulerÃa;
sos la musa arrabalera de una barda inspiración;
los cantares rantifusos de una fiel policromÃa
engarzada en los acordes que repica en tu canción.
Sos gemido de violines con las notas tan sentidas,
al conjuro de los pianos y quejas de un bandoneón;
sos la estrofa que rimada con la cruel filosofÃa
se encarniza ciegamente y engayola al corazón.
Sos guitarra que colgada, con las cuerdas doloridas,
no pudo encontrar consuelo para su desolación;
el adusto organillero que detuvo su rutina
en la imagen nostalgiosa de la triste evocación.
El amigo confidente de las paradas bravÃas
donde el alma queda presa por la bruja maldición,
cuando la mala se ensaña, cuando la suerte es esquiva,
cuando la parca rastrera el final ya te marcó.
Sos el bardo que diquero campanea en una esquina
y que silba graves notas con acento compadrón,
con un clavel en la oreja mientras pispea a la mina
que es la trompa de su cuore, de sus sueños, de su amor.
Sos el pibe que acapara en su lompa las bolitas
que dan brillo a la cordura de su firme devoción;
el farol que balanceante lacerante te lastima,
y la reja en la calleja, entre el patio y el balcón.
El perfume de magnolias, el aroma de glicinas,
la blancura de jazmines, y el rojizo del malvón;
la cebada cimarrona, que por las tardes se agita,
entre amigos farabutes en el bulo de un gavión.
Los boletos hecho bolsa por un burro que declina,
que perdió por varios cuerpos sus arrestos de campeón;
y la barra futbolera que se junta en una esquina
festejando la goleada del equipo ganador.
La yiranta desquiciada que por el barrio patina
ofreciendo la limosna de una noche de emoción;
y sos el curda perdido que por las copas se inclina
escrachado en la canera desventura del alcohol.
El mistongo bulincito de la ronda de las citas,
el que marca entre sus muros el despojo del pudor,
donde burdos berretines en la testa se maquinan
con anhelos perdularios que amasijan la ilusión.
Sos el taita compadrito que va sufriendo una herida
por tantos años debutes de guitarrero y cantor;
y el obrero de los puertos que acamala dÃa a dÃa
los mendrugos miserables del amargo sinsabor.
Sos la reja donde el preso su desventura mitiga
por la yuta de la suerte que traidora lo encanó;
y el malevo cajetilla que con su bronca recita
la poesÃa cavernaria de una cruenta decepción.
Sos la madrecita que espera, a las tres de la matina,
desvelada en la tardanza de un hijo trasnochador;
sos el padre que severo con la mirada te endilga
los sermones que te ubican en fulera situación.
Sos papirusa que anhela con esperanza transida
que unos ojos soñadores le arrebaten su candor;
y sos paica abandonada, al hastÃo de la vida,
que ya nunca podrá zafar de la triste perdición.
Sos el verbo de los barrios donde los giles transitan
callecitas en penumbras de un pasado de esplendor,
por la huella misteriosa que embrocada arremolina
la locura irremediable de fatal desilusión.
Por JULIO JORGE FARAONI
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13 12, 2009
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