Volvemos a la entrega del abordaje al análisis sobre la construcción de la identidad, en este caso, con la parte número dos (y última) de la columna. Desde ya que, para entender con mayor profundidad y no perder el hilo de la cuestión, se recomienda leer o releer la parte número 1, ya publicada en este mismo blog de actualidad. Agradecimientos y saludos, desde ya, hacia todos los lectores:
Una temática de estas caracterÃsticas es comparable con la conocida metáfora "arma de doble filo", ya que es extremadamente rica en cuanto a contenidos y disparadores de otras temáticas, pero por el otro, es entendiblemente extensa. Y por eso, para alivianar la tarea del lector, hemos decidido hacer, sobre la presente, dos entregas, aún asumiendo el riesgo de que la primer entrega pueda parecer, de cierta manera, inconclusa. Esperamos, subsanar esta "sensación" con la segunda que será publicada en el correr de la semana. Desde ya agradecimiento a todos por el tiempo (no es un valor menor) dedicado a la lectura de la columna, y, a la vez, a abcsaladillo por el espacio de siempre para la publicación de ideas y la impronta, además, de permitir el ida y vuelta entre columnista y lectores. Los dejo, entonces, con la 1º parte de esta entrega:SerÃa equivocado darle comienzo a este pensamiento sin antes preguntarme ¿Qué es una sociedad? ¿Cómo se determina que tal o cual grupo de personas pueda llamarse o autoproclamarse "una sociedad"? ¿Es acaso el compartir una historia, una cultura, una religión, un territorio? ¿Compartir un mismo idioma o un mismo código preestablecido? ¿Es relacionarse diariamente con las personas que componen ese grupo? ¿Es tener una organización polÃtica o una organización económica? ¿Puede considerarse Sociedad a un grupo de personas que no interactúa "cara a cara"? En fin: ¿Qué es una sociedad?
Se dice, objetivamente, que una imagen vale más que mil palabras. Lo que se intenta decir con esto -de una manera errónea y burda- es que no hace falta utilizar el lenguaje para explicar una imagen -fenómeno- sino que ésta se explica por sà misma. Claro está, el concepto es errado y nace de una afirmación viciada, ya que la imagen per se está atravesada por el lenguaje y es, a su vez, lenguaje puro.