Se dice, objetivamente, que una imagen vale más que mil palabras. Lo que se intenta decir con esto -de una manera errónea y burda- es que no hace falta utilizar el lenguaje para explicar una imagen -fenómeno- sino que ésta se explica por sà misma. Claro está, el concepto es errado y nace de una afirmación viciada, ya que la imagen per se está atravesada por el lenguaje y es, a su vez, lenguaje puro.
La frase inicial no es un ejemplo azaroso, sino que, por el contrario, es un cliché que deambula constantemente por determinados ámbitos del diseño y la fotografÃa, pretendiendo auto legitimarse por el simple hecho de parecer una afirmación más o menos interesante o inteligente.
Es el ser humano en sà el que puede/debe romper con este postulado originario, por más que los gurúes de la imagen, la publicidad y el arte pop pongan el grito en el cielo, con un poco de razón y no tanto a la vez. En fin, el postulado de la imagen objetiva que-todo-lo-dice es completamente falso.
Una imagen -fenómeno- remite a miles de sentidos personales -interpretaciones, lecturas- que cada uno encuentra y une con ella, basándose de manera consciente o inconsciente en su educación, su vida, su posición social, su religión, su ética, su historia, su pasado, etc. Cada sentido, cada interpretación resulta, de ese modo, completamente subjetiva: esto es, personal, propia. Se dice también que cada imagen puede tener miles de sentidos, pero no infinitos. Es decir, yo puedo mirar un cÃrculo dibujado con un lápiz en un papel y que esta me recuerde/remita a mi cabeza (relación directa que hacen los niños) o a un cuadrado (por oposición) o a una naranja (por la forma), pero no puede (no deberÃa) recordarnos a, por ejemplo, una computadora, o a una columna o a una pala mecánica. Lo dicho: se puede pensar, recordar, relacionar una imagen con miles de interpretaciones, ideas, lecturas, sentidos, pero no con infinitos.
Acá mueren entonces 2 postulados que no deben pasarse por alto: el primero es el que dice que los sentidos son infinitos. El segundo es el que comenzó todo este palabrerÃo, el postulado objetivo de que a una imagen (fenómeno) no le corresponde ningún sentido, o bien, le corresponde uno solo.
Y acá es imposible no pensar o no trazar un importante paralelo con la "Imagen de Cristo" que los vecinos de Roque Pérez han encontrado en una mancha de humedad, a la salida del Banco Provincia de dicha ciudad. Esta clase de imágenes son el mejor ejemplo a lo antes mencionado, porque claro, Cristo (deberÃan decir Jesús) es el sentido que más "llega" o "conmociona" a la mayorÃa de la población por una doble cuestión: religiosa y cuantitativa. Lo religioso (y mucho más lo que rayana lo mÃstico) siempre será aún mas llamativo o importante para un creyente que casi cualquier otra cosa.
Lo cuantitativo porque, lógicamente, son mas las personas religiosas (y en este caso en particular las católicas) que podrán "ver" en esa imagen, el dibujo o silueta del hijo de Dios. Es por esas dos simples razones (también alguien podrÃa decir "la Fe", pero no es mi intención entrar en ese debate, que por cierto, no es poco interesante) que es mas fácil y predecible que alguien vea a Jesús a que vea, no sé, a Jim Morrison. Es evidente que son mas personas las que conocen "el rostro de Jesús" que el de Jim Morrison, el cantante de The Doors, uno de los Ãconos y de las caras mas emblemáticas y de las más fotografiadas de los años 60´. Aunque bien, hay personas que sà lo ven, independientemente de si a la vez también encuentren, o no, a Jesús. DSel mismo modo, como Argentinos que somos, no serÃa extraño que podamos ver una relación ente el rostro de Jesús (el de la mancha de humedad) y el de decenas de imágenes del "Che" Guevara, en especial las que le tomaron en la Escuelita de La Higuera al cadáver de Ernesto, antes y luego de ser abatido por los Rangers Bolivianos.
Entonces, si miramos bien (o si hacemos ciertas relaciones mentales que en realidad no son voluntarias e incluso no son conscientes) ya tenemos tres posibles ganadores: Jesús, Jim Morrison y Ernesto Guevara. Vale destacar que "el rostro de Cristo" se identifica, principalmente, por convención, ya que, como todos sabemos, nadie lo conoce más que por imágenes, pinturas y esculturas representativas, al igual que la relación lineal que se traza entre la paloma blanca y EspÃritu Santo. En pocas palabras, tanto la paloma blanca como el rostro de Jesús, son representaciones, convenciones sociales pre-establecidas. Con las imágenes de Jesús sucede lo mismo: se identifican ciertos rasgos (muchos, pero no infinitos) que permiten investir y relacionar, esa imagen con ese sentido. Rostro de mártir, corona de espinas, barba raleada, mirada perdida, mueca de sonrisa, sangre, etc.
Como argentinos que somos también es difÃcil no ver la relación entre el rostro de Jesús y el de Maradona de alguna de sus épocas. Es más, el vÃnculo religioso no es nada novedoso: la relación directa, entre Dios y Diego tiene ya una larga lista de años y adherentes. Esto puede parecer irrelevante, pero no lo es. Justamente (y mas aún cuando se trata del mundo inteligible y de la relación de este con el mundo sensible), son estas "concepciones previas" las que operan de manera inconsciente para establecer tal o cual relación mental e investir con sentidos a tal o cual imagen. En este caso la de una mancha de humedad que puede parecerse a la cara de Jesús, con la cara de Maradona.
En fin, la imagen, la mancha que hoy puede verse afuera del Banco Nación de Roque Pérez puede remitirnos a Jesús, pero también al "Che", a Jim Morrison, a Maradona, o a otras imágenes que aquà no se han nombrado (por ejemplo, a alguien puede recordarle a su padre, o a su abuelo) dependiendo de cómo se la mire, o mejor dicho, dependiendo del "lugar en el mundo" desde el que se la mire.
El hombre se convierte aquà en vÃctima y victimario de las operaciones mentales que hace con el mundo y sus fenómenos (la imagen) entretejiéndolos con una infinidad de factores inimaginables pero no infinitos. También -no hay razón para que no sea asÃ-, la mancha puede remitirnos únicamente a una mancha de humedad en la pared de nuestra casa y nada más. Seremos nosotros mismos los que determinemos -consciente o inconscientemente y de acuerdo a TODO lo que hemos sido y lo que somos, lo que hemos vivido y lo que hemos aprendido-, el sentido de esa imagen y por ello, de nuestra visión del mundo y de nuestra relación con la sociedad y lo que en ella sucede. Pero seremos nosotros mismos, en fÃn, los que determinemos a esa imagen y no, por el contrario, los que seamos determinados por ella.
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05 08, 2010
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