Las palabras definen las cosas o al menos nos orientan o asemejan a ellas. Son un universo de imágenes (y estas algo ya vivenciado) con sonido que procesamos para tomar dimensión de aquello que nos dicen las palabras. Las palabras, sin saberlo, modifican con el tiempo su significado reconfigurándose de acuerdo a su época por diferentes motivos.
En la polÃtica las palabras adquieren una dimensión mayor que en cualquier otra actividad, ya que la polÃtica esta regida, delimitada y desarrollada básicamente a partir de palabras. No significa que la polÃtica solo se hace con palabras, también polÃtica se hace con gestos o con imágenes, pero ambas siempre terminan explicadas o desarrollados en palabras.
Alguien podrÃa decir que el contenido de las palabras, sus significados o lo que representan son producto de luchas preexistentes. El porque se denomina al árbol "árbol" debe haber sido fruto de un consenso o de una imposición. En definitiva hablamos de una decisión polÃtica manifiesta.
Por eso, las palabras y la polÃtica tienen mucho en común. Por lo menos la polÃtica necesita de las palabras y las palabras acuden para obtener su identidad a alguna de las expresiones de la polÃtica. Dicho de otro modo, toda palabra es el resultante de la polÃtica y la polÃtica es el resultado de los miles de juegos manifiestos de las palabras.
Por su parte, el amor ha estado presente en los diferentes pasajes de la filosofÃa histórica, ha sido protagonista de innumerables hitos literarios, motor de guerras y venganzas. El amor ha permitido el acercamiento de diferentes sectores sociales que solo pudieron hacerlo en el marco del amor.
Mucho se ha escrito y se sigue escribiendo sobre el amor, si es natural, si es racional o bien si es algo hormonal. Al parecer el amor es algo vivenciado, algo que se siente y también es una palabra que se conjuga con verbos. Los verbos son las palabras en infinitivo que utilizamos para indicar las acciones que alguien realiza.
La polÃtica necesita de las palabras, pero no del amor. Las palabras necesitan de la polÃtica pero no requieren de amor para ser utilizadas. Sin embargo el amor se mete en la polÃtica y transforma las palabras.
Las generaciones que se iniciaron en la polÃtica a mediados de los sesenta y principios de los setenta se vieron obligadas a romper en todo con sus padres. Es la generación que nace luego de la segunda guerra y es la primera que no sigue las tradiciones de sus padres. Ellos escucharon una música diferente, bailaban distinto, se vieron obligados a cambiar las tradiciones. De ello no podÃa escapar la idea del amor. De esa época es la frase "hacer el amor" para referirse al acto sexual.
Los jóvenes de entonces buscaban diferenciarse con sus padres que no tenÃan un contacto con el amor que escape a la rutina del matrimonio.
Pero el amor se hace o se siente. ¿Se lo construye como se construye una casa? ¿Que quieren decir cuando dicen "hacer el amor"? El compositor Gabo Ferro le ha dedicado al tema una hermosa canción, pero no nos ayuda a responder de que trata el asunto ese de "hacer el amor"
Es preciso señalar que allà encontramos un nuevo desafÃo para las nuevas generaciones que se interesen en la polÃtica y crean en el amor.
El desafÃo de hacer polÃtica con amor, pujando por nuevos contenidos para las palabras e invitando a la sociedad a vivir el sexo con intensidad, sin necesidad de revestirlo de romanticismo o buscándole palabras edulcoradas.
La lucha sin cuartel es crear un programa polÃtico que invite a vivir el sexo disfrutándolo intensamente, que comprenda que el amor se hace en tanto se hace el sexo y el sexo no significa siempre amor. Somos libres, seámoslo más. Podemos
Jorge Alvarez
http://alvarezsi.blogspot.com/
Presidente Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de PolÃticas Públicas (iadepp)
www.iadepp.com.ar
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