Una negligencia, un error, un descuido y, en un segundo, todo cambió. Aunque tuvieron que pasar 35 años para que quedase al descubierto lo sucedido y, otra vez, todo volvió a cambiar.Hace poco más de dos años, la vida de dos familias de esta ciudad se vio trastocada por completo. Fue cuando un examen de ADN confirmó que sus hijos fueron cambiados al nacer. Parece el argumento de una pelÃcula, pero no lo es. Es la realidad que a veces supera o, al menos, iguala a la ficción.
"Trato de mirar para adelante, pero a veces pienso cómo hubiese sido mi vida". El que lo dijo es Gustavo Germain, hoy de 37 años, uno de los protagonistas.
Gustavo y Javier -la otra parte de esta historia- nacieron, con horas de diferencia, el mismo dÃa de 1974 en el Sanatorio de esta ciudad. Por una negligencia -por lo menos es lo que se sabe hasta ahora- fueron entregados a distintas familias.
Pasaron 35 años y uno de ellos comenzó a sospechar que podrÃa haber sido cambiado al nacer, cosa que se confirmó con el resultado del primer ADN.
Gustavo accedió a contar públicamente su historia con la firme intención de que no vuelva a pasar una situación similar, porque la experiencia es desgarradora, según sus palabras.
"Las emociones son terribles", remarcó en un momento de la charla, y agregó que cuando junto a sus padres de crianza -asà los llama para que se entienda de quiénes habla- fue a conocer a sus padres biológicos "tenÃa ganas de llorar, reÃrme, gritar, todo junto. Es desgarrador ver que a los cuatro se le llenaban los ojos de lágrimas y saber que ninguno de ellos tuvo la culpa".
Si bien vivieron toda su vida a cinco cuadras de distancia una familia de la otra, y alguna vez de chicos jugaron juntos al fútbol, Gustavo y Javier no mantenÃan una relación de amistad, sólo se conocÃan.
Explicó, a su vez, que su decisión es no cambiarse el apellido –como sà lo hizo Javier- por respeto a sus padres de crianza.
El nacimiento
Esta historia empezó el 19 de septiembre de 1974. Ese dÃa nacÃan en el Sanatorio de esta ciudad, con aproximadamente 10 horas de diferencia, Gustavo y Javier.
Gustavo advirtió que en aquellos años, "no le llevaban el bebé a las madres, sino que quedaban en la nursery".
Por eso fue recién al otro dÃa cuando las mamás se encontraron con los bebés. Pero al recibirlos, "las dos madres le dicen a las enfermeras que los bebés no tenÃan puesta la ropa que ellas les habÃan dado. Las enfermeras dijeron que se habÃan confundido con la chica de al lado, pensando que era la ropa nada más, pero en realidad eran los bebés".
Según su relato, este hecho "quedó como una anécdota, nada más. Mis padres nunca sospecharon nada. Es más, hay fotos mÃas de chico y me parezco mucho a mi mamá de crianza. Todos los Germain me veÃan parecido", aseguró.
En su familia de crianza nunca se cruzó siquiera la más mÃnima sospecha de lo que habÃa ocurrido. Tampoco en él, que "vivà una vida normal hasta los 35 años cuando se desató todo esto".
Las primeras sospechas
Pero en la otra parte de esta historia, la reacción fue diferente. Según le comentaron a Gustavo sus padres, Javier se enteró del cambio de la ropita a los 10 años y "le quedó en la cabecita".
A eso se sumaron otros hechos, como descubrir que su sangre no era del factor que creÃa tenÃa, y también que no se veÃa parecido a sus hermanas ni a sus padres de crianza.
Los años siguieron pasando y -de acuerdo a lo que se relata en el fallo- en julio de 2007 Javier paseaba por el Parque cuando vio al matrimonio Germain y a su hijo Pablo y notó un parecido fÃsico que lo alertó y lo abrumó.
A partir de ese momento, las sospechas se hicieron carne en él y no descansó hasta averiguar "su verdad", como se aclara en el mismo fallo en el que se hace todo un análisis del derecho a la identidad.
Un llamado y tres análisis
Fue en enero de 2009 cuando Javier dio un paso más. En este sentido, Gustavo recordó que "me entero que llama a casa y dice que tenÃa la sospecha que mis padres de crianza eran sus padres biológicos, que podÃa ser hijo de los Germain y que querÃa hacerse un ADN porque ya no podÃa vivir con esa duda, esa tormenta que sentÃa".
Esa sospecha irrumpió en ambas familias arrasando toda su estructura. Gustavo lo grafica como la caÃda de las Torres Gemelas.
Luego del llamado telefónico "mis padres le dijeron que vaya a casa, porque una noticia asà telefónicamente mueve toda la estanterÃa. Fue, se presentó y obviamente que el parecido fÃsico les pegó", pero el shock y la incredulidad pudieron más en ese momento "y le dijeron que se haga el ADN con sus padres".
Cuando sus padres de crianza le dijeron lo que estaba sucediendo, "yo no quise saber nada porque nunca tuve una sospecha de nada. Para mà era una locura, además, si era cierto lo del cambio de bebés, no tenÃa sentido en ese momento hacer semejante revuelo y destrozar a dos familias. Yo lo comparo siempre con las Torres Gemelas. Cada torre es una familia y se desmoronan de un momento para otro. Fue asÃ".
Los análisis de ADN arrojaron un resultado que confirmó todas las sospechas. "Javier se lo hizo y obviamente le dio el 99,9 por ciento que no es hijo de sus padres", señaló y agregó que "después de eso, mis papás accedieron a hacerse ellos también el ADN con él".
La extracción de sangre se hizo en Azul y las muestras fueron enviadas para su análisis a BahÃa Blanca. Los resultados estuvieron a los 20 dÃas, certificando que Javier es hijo biológico de los padres de crianza de Gustavo.
El tercer análisis se hizo después, y fue con las muestras del propio Gustavo y sus padres biológicos, ratificando su procedencia y no quedando ya margen de duda.
Con las certezas a la vista, ninguno de los padres podÃa creer lo que habÃa pasado porque "nunca tuvieron duda ninguna de las dos madres. Lo de la ropita habÃa quedado como una anécdota, como un hecho como cualquier otro, nada más. Aún hoy los cuatro están destrozados", comentó Gustavo.
"Lo que sentà fue tremendo"
A todo esto, consultado cómo fue el momento del encuentro, recordó que en un principio "yo no querÃa conocer a nadie", todavÃa en shock con su propia historia, y cuando los cuatro papás quedaron en encontrarse con los dos hijos, "me negué a ir, aún sabiendo que eran mis padres. No estaba preparado para verlos, necesitaba un tiempo para madurar todo y llorar solo, ya que no podÃa hacerlo delante de mi mamá porque los iba a destrozar a todos. Me tenÃa que hacer el fuerte para que los demás se sintieran bien o, eso por lo menos era lo que yo creÃa".
El encuentro se produjo sin la presencia de Gustavo. "Se presentaron, charlaron, pero eran extraños que se estaban conociendo".
Diez dÃas después, decidió que era momento de conocer a sus padres biológicos. "Nuestros padres se intercambiaron los teléfonos y mi mamá biológica me empezó a llamar. Hablábamos y le pedà que me diera tiempo, hasta que un dÃa decidà ir. Les pedà a mis padres de crianza, que para mà siguen siendo mis padres porque me crié con ellos, que me acompañaran. Fui y lo que sentà fue tremendo".
Poner en palabras lo que sintió al tenerlos enfrente, aún hoy no es fácil para él. "Fue tremendo porque no podÃa creer lo que nos pasó. Se me vinieron un montón de cosas a la cabeza, como por ejemplo que durante 35 años estuve viviendo la vida de otro", dijo, y no pudo dejar de mencionar que cuando tocaron timbre aquel dÃa en la casa de su familia biológica "abrió la puerta mi papá biológico, lo miré y me vi parecido. Las emociones son terribles, no puedo describir con palabras lo que se siente. TenÃa ganas de llorar, reÃrme, gritar, todo junto. No sabÃa si salir corriendo o qué hacer. Es desgarrador. Además, ver que a los cuatro se le llenaban los ojos de lágrimas y saber que ninguno de ellos tuvo la culpa porque no fue un abandono. Con tanto cariño esperar 9 meses y que después pase esto".
"Están destrozados, pero la siguen peleando"
A partir de ahà se fueron conociendo poco a poco, pero no se habÃa producido el encuentro a solas de Gustavo con su familia biológica "porque no me animaba. No sabÃa qué decir ni cómo actuar. No querÃa lastimar a nadie".
De los cuatro padres sostuvo que "han envejecido 15 años de golpe, los cuatro están destrozados, pero la siguen peleando".
Gustavo tiene un hermano de crianza que es menor que él y dos hermanas biológicas, una mayor y la otra menor. Para los tres el tema también fue muy difÃcil. "Fue tremendo, hoy en dÃa no se explican cómo pasó. Uno se forma como persona con lo que vive en la niñez y en la adolescencia y, de repente, te encontrás con tus hermanos de sangre que son extraños porque no creciste con ellos", señaló Gustavo.
No obstante aclaró que hoy tiene trato y una relación más fluida con sus padres biológicos y con sus hermanas. En este sentido comentó que "los voy a visitar, tomamos unos mates y por ahà comemos juntos. Muy pocas veces se volvieron a juntar las dos familias porque se sufrÃa mucho, asà que optamos por no seguir".
A su vez, por ambas familias, tiene dos abuelas maternas. Sobre ellas, indicó que "no lo entienden. Son personas mayores, de 85 años, y no pueden entender nada. Es que son emociones muy fuertes. Para mi abuela de crianza yo sigo siendo su nieto, porque encima fui el primero que tuvo".
En todo esto, el tema de la identidad no es menor. "La verdad que esto es bravo -sostuvo-. Tengo dos papás y dos mamás. Hay que tomarlo asà porque sino, no se puede seguir viviendo".
Antecedente
En Argentina hay un antecedente. Fue en Concordia, Entre RÃos, en 2005. Un nene y una nena que habÃan nacido con minutos de diferencia fueron entregados a padres equivocados. Las sospechas fueron más que evidentes ya que a una de las mamás le habÃan informado que dio a luz a un nene y sin embargo le entregaron una nena. A la otra mamá, le pasó exactamente lo mismo. Cuando reclamaron en el hospital, les dijeron que seguramente habÃa sido un error de papeles. No conformes con la respuesta, decidieron hacer la denuncia judicial. El ADN confirmó sus sospechas. No obstante, cada familia decidió quedarse con los chicos que no son sus hijos biológicos "porque se encariñaron".
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03 11, 2011
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