Azul | Fueron cambiados al nacer y se enteraron a los 35 años

Saladillo, Noticias de nuestra ciudad

Año:
4
Edición N°:
1183
lunes
21.may 2012
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Azul | Fueron cambiados al nacer y se enteraron a los 35 años

Todo comenzó en septiembre de 1974, cuando en el Sanatorio de esa ciudad nacían, con unas horas de diferencia, Gustavo y Javier. Por negligencia fueron entregados a las familias equivocadas. Un examen de ADN confirmó lo sucedido. Uno de los protagonistas contó la desgarradora historia.

29929Una negligencia, un error, un descuido y, en un segundo, todo cambió. Aunque tuvieron que pasar 35 años para que quedase al descubierto lo sucedido y, otra vez, todo volvió a cambiar.

Hace poco más de dos años, la vida de dos familias de esta ciudad se vio trastocada por completo. Fue cuando un examen de ADN confirmó que sus hijos fueron cambiados al nacer. Parece el argumento de una película, pero no lo es. Es la realidad que a veces supera o, al menos, iguala a la ficción.

"Trato de mirar para adelante, pero a veces pienso cómo hubiese sido mi vida". El que lo dijo es Gustavo Germain, hoy de 37 años, uno de los protagonistas.

Gustavo y Javier -la otra parte de esta historia- nacieron, con horas de diferencia, el mismo día de 1974 en el Sanatorio de esta ciudad. Por una negligencia -por lo menos es lo que se sabe hasta ahora- fueron entregados a distintas familias.

Pasaron 35 años y uno de ellos comenzó a sospechar que podría haber sido cambiado al nacer, cosa que se confirmó con el resultado del primer ADN.

Gustavo accedió a contar públicamente su historia con la firme intención de que no vuelva a pasar una situación similar, porque la experiencia es desgarradora, según sus palabras.

"Las emociones son terribles", remarcó en un momento de la charla, y agregó que cuando junto a sus padres de crianza -así los llama para que se entienda de quiénes habla- fue a conocer a sus padres biológicos "tenía ganas de llorar, reírme, gritar, todo junto. Es desgarrador ver que a los cuatro se le llenaban los ojos de lágrimas y saber que ninguno de ellos tuvo la culpa".

Si bien vivieron toda su vida a cinco cuadras de distancia una familia de la otra, y alguna vez de chicos jugaron juntos al fútbol, Gustavo y Javier no mantenían una relación de amistad, sólo se conocían.

Explicó, a su vez, que su decisión es no cambiarse el apellido –como sí lo hizo Javier- por respeto a sus padres de crianza.

El nacimiento
Esta historia empezó el 19 de septiembre de 1974. Ese día nacían en el Sanatorio de esta ciudad, con aproximadamente 10 horas de diferencia, Gustavo y Javier.

Gustavo advirtió que en aquellos años, "no le llevaban el bebé a las madres, sino que quedaban en la nursery".

Por eso fue recién al otro día cuando las mamás se encontraron con los bebés. Pero al recibirlos, "las dos madres le dicen a las enfermeras que los bebés no tenían puesta la ropa que ellas les habían dado. Las enfermeras dijeron que se habían confundido con la chica de al lado, pensando que era la ropa nada más, pero en realidad eran los bebés".

Según su relato, este hecho "quedó como una anécdota, nada más. Mis padres nunca sospecharon nada. Es más, hay fotos mías de chico y me parezco mucho a mi mamá de crianza. Todos los Germain me veían parecido", aseguró.

En su familia de crianza nunca se cruzó siquiera la más mínima sospecha de lo que había ocurrido. Tampoco en él, que "viví una vida normal hasta los 35 años cuando se desató todo esto".

Las primeras sospechas
Pero en la otra parte de esta historia, la reacción fue diferente. Según le comentaron a Gustavo sus padres, Javier se enteró del cambio de la ropita a los 10 años y "le quedó en la cabecita".

A eso se sumaron otros hechos, como descubrir que su sangre no era del factor que creía tenía, y también que no se veía parecido a sus hermanas ni a sus padres de crianza.

Los años siguieron pasando y -de acuerdo a lo que se relata en el fallo- en julio de 2007 Javier paseaba por el Parque cuando vio al matrimonio Germain y a su hijo Pablo y notó un parecido físico que lo alertó y lo abrumó.

A partir de ese momento, las sospechas se hicieron carne en él y no descansó hasta averiguar "su verdad", como se aclara en el mismo fallo en el que se hace todo un análisis del derecho a la identidad.

Un llamado y tres análisis
Fue en enero de 2009 cuando Javier dio un paso más. En este sentido, Gustavo recordó que "me entero que llama a casa y dice que tenía la sospecha que mis padres de crianza eran sus padres biológicos, que podía ser hijo de los Germain y que quería hacerse un ADN porque ya no podía vivir con esa duda, esa tormenta que sentía".

Esa sospecha irrumpió en ambas familias arrasando toda su estructura. Gustavo lo grafica como la caída de las Torres Gemelas.

Luego del llamado telefónico "mis padres le dijeron que vaya a casa, porque una noticia así telefónicamente mueve toda la estantería. Fue, se presentó y obviamente que el parecido físico les pegó", pero el shock y la incredulidad pudieron más en ese momento "y le dijeron que se haga el ADN con sus padres".

Cuando sus padres de crianza le dijeron lo que estaba sucediendo, "yo no quise saber nada porque nunca tuve una sospecha de nada. Para mí era una locura, además, si era cierto lo del cambio de bebés, no tenía sentido en ese momento hacer semejante revuelo y destrozar a dos familias. Yo lo comparo siempre con las Torres Gemelas. Cada torre es una familia y se desmoronan de un momento para otro. Fue así".

Los análisis de ADN arrojaron un resultado que confirmó todas las sospechas. "Javier se lo hizo y obviamente le dio el 99,9 por ciento que no es hijo de sus padres", señaló y agregó que "después de eso, mis papás accedieron a hacerse ellos también el ADN con él".

La extracción de sangre se hizo en Azul y las muestras fueron enviadas para su análisis a Bahía Blanca. Los resultados estuvieron a los 20 días, certificando que Javier es hijo biológico de los padres de crianza de Gustavo.

El tercer análisis se hizo después, y fue con las muestras del propio Gustavo y sus padres biológicos, ratificando su procedencia y no quedando ya margen de duda.

Con las certezas a la vista, ninguno de los padres podía creer lo que había pasado porque "nunca tuvieron duda ninguna de las dos madres. Lo de la ropita había quedado como una anécdota, como un hecho como cualquier otro, nada más. Aún hoy los cuatro están destrozados", comentó Gustavo.

"Lo que sentí fue tremendo"
A todo esto, consultado cómo fue el momento del encuentro, recordó que en un principio "yo no quería conocer a nadie", todavía en shock con su propia historia, y cuando los cuatro papás quedaron en encontrarse con los dos hijos, "me negué a ir, aún sabiendo que eran mis padres. No estaba preparado para verlos, necesitaba un tiempo para madurar todo y llorar solo, ya que no podía hacerlo delante de mi mamá porque los iba a destrozar a todos. Me tenía que hacer el fuerte para que los demás se sintieran bien o, eso por lo menos era lo que yo creía".

El encuentro se produjo sin la presencia de Gustavo. "Se presentaron, charlaron, pero eran extraños que se estaban conociendo".

Diez días después, decidió que era momento de conocer a sus padres biológicos. "Nuestros padres se intercambiaron los teléfonos y mi mamá biológica me empezó a llamar. Hablábamos y le pedí que me diera tiempo, hasta que un día decidí ir. Les pedí a mis padres de crianza, que para mí siguen siendo mis padres porque me crié con ellos, que me acompañaran. Fui y lo que sentí fue tremendo".

Poner en palabras lo que sintió al tenerlos enfrente, aún hoy no es fácil para él. "Fue tremendo porque no podía creer lo que nos pasó. Se me vinieron un montón de cosas a la cabeza, como por ejemplo que durante 35 años estuve viviendo la vida de otro", dijo, y no pudo dejar de mencionar que cuando tocaron timbre aquel día en la casa de su familia biológica "abrió la puerta mi papá biológico, lo miré y me vi parecido. Las emociones son terribles, no puedo describir con palabras lo que se siente. Tenía ganas de llorar, reírme, gritar, todo junto. No sabía si salir corriendo o qué hacer. Es desgarrador. Además, ver que a los cuatro se le llenaban los ojos de lágrimas y saber que ninguno de ellos tuvo la culpa porque no fue un abandono. Con tanto cariño esperar 9 meses y que después pase esto".

"Están destrozados, pero la siguen peleando"
A partir de ahí se fueron conociendo poco a poco, pero no se había producido el encuentro a solas de Gustavo con su familia biológica "porque no me animaba. No sabía qué decir ni cómo actuar. No quería lastimar a nadie".

De los cuatro padres sostuvo que "han envejecido 15 años de golpe, los cuatro están destrozados, pero la siguen peleando".

Gustavo tiene un hermano de crianza que es menor que él y dos hermanas biológicas, una mayor y la otra menor. Para los tres el tema también fue muy difícil. "Fue tremendo, hoy en día no se explican cómo pasó. Uno se forma como persona con lo que vive en la niñez y en la adolescencia y, de repente, te encontrás con tus hermanos de sangre que son extraños porque no creciste con ellos", señaló Gustavo.

No obstante aclaró que hoy tiene trato y una relación más fluida con sus padres biológicos y con sus hermanas. En este sentido comentó que "los voy a visitar, tomamos unos mates y por ahí comemos juntos. Muy pocas veces se volvieron a juntar las dos familias porque se sufría mucho, así que optamos por no seguir".

A su vez, por ambas familias, tiene dos abuelas maternas. Sobre ellas, indicó que "no lo entienden. Son personas mayores, de 85 años, y no pueden entender nada. Es que son emociones muy fuertes. Para mi abuela de crianza yo sigo siendo su nieto, porque encima fui el primero que tuvo".

En todo esto, el tema de la identidad no es menor. "La verdad que esto es bravo -sostuvo-. Tengo dos papás y dos mamás. Hay que tomarlo así porque sino, no se puede seguir viviendo".

Antecedente
En Argentina hay un antecedente. Fue en Concordia, Entre Ríos, en 2005. Un nene y una nena que habían nacido con minutos de diferencia fueron entregados a padres equivocados. Las sospechas fueron más que evidentes ya que a una de las mamás le habían informado que dio a luz a un nene y sin embargo le entregaron una nena. A la otra mamá, le pasó exactamente lo mismo. Cuando reclamaron en el hospital, les dijeron que seguramente había sido un error de papeles. No conformes con la respuesta, decidieron hacer la denuncia judicial. El ADN confirmó sus sospechas. No obstante, cada familia decidió quedarse con los chicos que no son sus hijos biológicos "porque se encariñaron".
feed1 Comentarios
Flavia
03 11, 2011
Votos: +1

Por Dios... a mi me cambiaron al nacer por un nene en una Clínica de Ciudadela, Pcia. de Buenos Aires; honestamente es una anécdota familiar y deseo que quede como tal...
Mi Mamá fue quien al darse cuenta aviso a las enfermeras quienes fueron a la sala de la mujer que había dado a luz el mismo día quién se estaba retirando del sanatorio conmigo en brazos aún sabiendo que no era su hija...
Gracias a Dios todo terminó de manera Feliz, no soportaría enterarme otra verdad que no fuese ésta que hoy comparto con Uds. a raíz de la triste historia de Javier y Gustavo.

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