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Sábado 22 de Julio de 2017

15 Julio 2017

Como en el cine: mamás que se van de vacaciones sin hijos ni marido

Al igual que en la ficción con Carla Peterson, cada vez más mujeres se animan a dejar los chicos a cargo de su pareja para viajar con amigas.

Una madre de cuatro hijos, agobiada por los avatares de una rutina que recae solo en ella, dice basta y, sin consultarle nada a nadie, saca pasajes con amigas para irse diez días a Machu Picchu. El argumento de Mamá se fue de viaje, la película protagonizada por Carla Peterson y Diego Peretti que ya fue vista por más de 180 mil personas en solo una semana, puede parecer exagerado, fantasioso, o más ligado al terreno de la ficción que a la realidad. Sin embargo, son cada vez más las madres que -haciendo uso de su independencia económica y de la reivindicación de los disfrutes individuales- deciden emprender viajes con amigas, sin maridos y, claro está, sin hijos.

En la película “Mamá se fue de viaje”, Carla Peterson interpreta a Vera, que deja a su esposo (Diego Peretti) con sus hijos para irse a Perú.

El destino suele depender de la cantidad de días, que por lo general varían entre tres y diez, como para no comprometer las vacaciones familiares en verano o invierno. Para los fines de semana largos, los destinos estrella son Río de Janeiro o Santiago de Chile, y para estadías un poco más extensas, priman Nueva York y y Miami. Y la motivación, la misma en todos los casos relevados: tomarse un verdadero descanso, sin tener que estar atentas a la demanda constante de hijos chicos, pasar unos días entre amigas rememorando viejos tiempos y, sobre todo, salir de la rutina para volver más despejadas a retomar tareas habituales.

“La fantasía de tomarse vacaciones del vértigo de la rutina familiar siempre estuvo, la diferencia es que hoy es posible. Y esto se da porque los modelos culturales de madre y padre fueron cambiando: por la independencia económica femenina y por el rol que el padre ocupa en la casa y en la crianza. Si la madre se puede ir es porque cuenta con un marido que puede hacerse cargo de los chicos solo. Esto en otro momento era un poco impensado, las madres eran o parecían seres imprescindibles en la casa” sostiene Marisa Russomando, especialista en crianza y familia.

Y es que no relegar los gustos y preferencias personales no es solo un signo de la independencia femenina, sino también un rasgo de época: estos viajes suelen darse en mayor medida en madres que tienen entre 30 y 40, muchas de las cuales entran dentro de la categoría de millennials, quienes -como agrega Russomando- presentan como uno de sus principales características la fuerte voluntad de “no ceder”.

Nora Leal Marchena, médica psiquiatra infanto juvenil miembro de APSA, ve esta práctica con buenos ojos. La especialista sostiene que, mientras no sean viajes de una duración muy prolongada y los chicos queden al cuidado de alguien responsable y cariñoso, este tipo de viajes pueden ser muy beneficiosos no solo para la pareja, sino también para toda la familia. “Para ejercer una buena maternidad es indispensable que la mujer pueda tener espacios personales, propios, en los que pueda disfrutar de algo mas allá de la cosa doméstica, la maternidad y el trabajo. Me ha pasado como médica que de pronto una madre me dice: ‘Sin darme cuenta termino siendo demasiado intolerante con mis hijos, les grito o no les tengo nada de paciencia’. Que los padres disfruten es bueno para los chicos”, concluye. Y muchas mamás viajeras parecen darle la razón.

El tema era recurrente en su grupo de amigas desde hacía un año: para los 40 de cada una, se venía una gran fiesta o un viaje. En el caso de Laura, terminaron siendo ambas cosas. Fue así que aprovechando el feriado del 24 de marzo, decidieron tomarse tres días para ir a Río de Janeiro, destino elegido por su cercanía y por contar con vuelo directo.

Se pusieron de acuerdo rápido, sacaron los pasajes y aunque a uno de los maridos de las amigas no le gustaba la idea de cinco chicas en Río, finalmente se terminó convenciendo y pudieron disfrutar de la escapada. “Mi marido se arregla muy bien con los chicos, y era fin de semana, no había que coordinar mucha logística. Además, volví un domingo al mediodía como para que me quede el resto del día para disfrutar a los chicos”, explica.

Como la mayoría, lo que más deseaba Laura era descansar: “estar solas, tranquilas, sin nadie que te pida nada, los chicos todo el tiempo están demandando y uno esta pendiente todo el tiempo de ellos. Fue nuestro momento de estar relajadas, pudiendo conversar o salir, tomar un trago, sin nadie que te necesite, o sin horarios, comer a la hora que quieras” cuenta.

Las videollamadas con sus hijos, una vez al día, eran amenas y ella los veía bien, tanto que cuando volvió y tocó el timbre, ambos chicos dijeron al unísono “llegaron los regalos”. Habrá próximo viaje, probablemente a los 45, con más días y kilómetros de distancia: la idea es volar a Nueva York.

 

 

Tomar la decisión de viajar con su socia y amiga de toda la vida no fue complicado para Marcela. En su casa, todas las tareas vinculadas a su hijo Ciro se comparten: la comida, la ropa o el baño pueden ser realizadas alternativamente por uno u otro. Lo único que tuvo que dejar organizado fue quién llevaba y retiraba al nene del jardín durante los siete días que estuvo en Nueva York.

“Hacía mucho que teníamos ganas de hacer un viaje, y surgió en un momento en el que los chicos estaban un poco más independientes, y sentimos que podíamos hacerlo. En mi caso particular, sabía que en breve se me venía el hermanito y estaba en el momento ideal de independencia antes de volver a empezar. Ambas familias tienen padres super presentes, tan madres como nosotras. Y sabiendo que si nos íbamos teníamos una logística cubierta por abuelos y padres, era todo un harén familiar que por una semana nos podía bancar”, relata.

Si bien extrañó a su familia, y se comunicaba vía Facetime para poder ver y ser vista por su hijo una vez al día, describe el viaje como una experiencia de mucho placer. Su amiga había vivido en esa ciudad, y allá se encontraron con una conocida, por lo que lo vivieron más como locales que como turistas. “Lo volvería a hacer sin dudarlo, de hecho, ya estoy planeando la próxima escapada. Incluso le insisto a mi marido para que pueda él también hacer una con sus amigos, para que una vez por año cada uno pueda despejarse. Te ayuda a valorar lo que tenés, lo recomiendo”, dice entusiasmada.

 

La idea surgió durante un fin de semana de spa en el Tigre con su amiga de toda la vida. Organizaron un viaje a Río por cinco días, y la experiencia fue tan buena, que sumaron a otra amiga más y ya sacaron pasajes para volver a Brasil, esta vez por una semana, en octubre.

“Mi marido se va a esquiar todos los años con amigos, así que en realidad hasta tenía derecho a plantearlo. En un principio fue un poco conflictivo, pero finalmente decidimos que cada uno respete el viaje del otro. Armé una planilla Excel con una columna con el día y las horas al lado, y una columna por cada hijo según su rutina, porque cada uno tiene mil actividades. Les armé las franjas horarias en las que cada uno tiene algo para que todos sepan dónde está cada niño. Con ayuda de la persona que trabaja en casa y mi suegra, estuvo todo bien”, detalla.

Aunque reconoce que durante la vida cotidiana las tareas domésticas y de crianza recaen más sobre ella, confía en que de una u otra manera, las cuestiones que se presenten serán resueltas: “En general pasa alguna cosa, como por ejemplo que alguno de los días la combi se haya ido porque él bajó tarde con los nenes y no lo esperaron. No es que todo fluye y sale todo bárbaro, pero se terminan arreglando sin mí”.

Lo que más disfrutó es estar con amigas tirada en la playa sin el “mamá, mamá” como trasfondo, en lo que describe como “una experiencia alucinante”. Además, al contar con mucha antigüedad en su empleo, puede armar estos viajes sin sacrificar las vacaciones familiares. De hecho, llega mejor a fin de año si en el medio intercala un viaje con amigas: “Yo creo que me cambió el año, me fui la última semana de agosto, y sentí que el verano llegó más rápido”, según sus palabras.

La película que refleja el fenómeno

En la ficción de Mamá se fue de viaje, quien abandona a su familia para irse de vacaciones es Vera, interpretada por Carla Peterson.

Estrenada hace poco más de una semana, la comedia de Ariel Winograd ya es el tercer filme argentino más visto del año y se perfila como una de las más taquilleras de las vacaciones de invierno.

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