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La inmoralidad como política de estado

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En su discurso inaugural del periodo legislativo nacional, nuestro presidente expreso que su gobierno se  centraría, entre otras cosas, en “la moral como política de estado”; paradójicamente a los pocos días estalló la  cuestión Adorni.  

Hubiese sido bueno, un ejemplo contrario a la actitud del Ministro, porque todos necesitamos conocer las  buenas acciones en estos tiempos donde los supermercados y otros comercios están vacíos y 24.000 empresas  han cerrado sus puertas. Mientras, gratamente, vemos que hay sectores florecientes en nuestra economía, y  que esperamos derramen beneficios sobre los desocupados. 

Adentrémonos en las palabras de nuestro presidente, “las cuestiones morales”.  

No estamos acostumbrado a pensamientos profundos, por eso es necesario recuperar como ejercicio  intelectual el pensar en algunas cosas que superan lo cotidiano. Hablar de moral, significa que tenemos en  claro que es “lo bueno y lo malo”; separados estos dos últimos términos de toda connotación religiosa.  Lo bueno es todo aquello que nos hacen felices y plenos como sociedad, no en forma individual, en forma  colectiva. 

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La moral se basa, entonces, en el conjunto de acciones de las sociedades que busca alcanzar lo bueno para  ella. Son acuerdos escritos por ejemplo en la constitución o los códigos penales, o no escritos como ciertas  pasiones argentinas no lesionan la identidad nacional.  

Lo contrario, lo inmoral, es todo aquello que contradice la los acuerdos sociales establecidos como normas  morales a partir del conocimiento de lo que está bien. Otro término utilizado cuando hablamos de estas cuestiones, es lo amoral; esto está referido a las acciones individuales que escapan a los juicios morales.  Por ejemplo, si en soledad me gusta andar desnudo en mi casa, esto no puede ser juzgado moralmente.  La moral no es universal, cada sociedad construye sus propias normas. En los países de religión musulmana, es  común el velo cubriendo el rostro y cabellera de las mujeres en mayor o menor medida dependiendo su  estado civil. Si una de nuestras mujeres llegara, por ejemplo a Irán, sería considerada una inmoral y sería  castigada por la ruptura del acuerdo social de ese país.  

En nuestro país, está casi naturalizada la inmoral evasión impositiva, la diferencia entre comprar en blanco y  en negro, y distintos artilugios para que nuestros ingresos se adecuen. Los impuestos, como fin último, son un  mecanismo para el beneficio de toda la sociedad. Obviamente hay una propensión desde los estados  (Nacional, Provincial y Municipales) a no mostrar por parte de algunos de sus funcionarios, actitudes  ejemplificadoras. No es Adorni uno de estos ejemplos esperados. 

Los funcionarios públicos “no pueden ser inmorales”, porque sus hechos repercuten en la sociedad toda;  sobre todo en los jóvenes a los que se los somete intensiva y mediáticamente con discursos chabacanos que  pretenden emular la forma de comunicarse de los jóvenes, creyendo que sus cargos los habilita para ofender,  putear y degradar a todos los que no piensan como ellos. 

Ni las formaciones religiosas, ni las formaciones científica tecnológicas o filosóficas, ni las orientaciones  ideológicas pueden evitar cometer actos contra la moral. Es tan inmoral un pastor que negocia con un tercero  a sabiendas que este es de dudosa moralidad, como aquel que recibe un cargo público de parte de un político  por el simple hecho de haberlo votado. Seguramente debe haber atenuante para aquellos que necesitaron  acceder a esos cargos por ser el sustento para el desarrollo de su familias; pero que sean atenuantes no  quieren decir que no sean inmorales.  

Debe haber muchos ejemplos de personas que accedieron a cargos públicos por cuestiones ideológicas, por el  viejo e inmoral sistema del clientelismo político. Muchos de ellos mostraron una actitud de compromiso  inobjetable. Pero seguramente debe haber otros que durante muchos años usufructúan bienes del estado,  con la creencia (involuntaria o conscientemente) que son merecedores de este favor del estado, por pensar  políticamente de una forma determinada.  

Qué no solamente usufructúan esos bienes durante muchos años sino que los arreglan a su antojo y cuando el  estado necesita esos bienes se los niegan con una catarata de justificaciones. Y no solo eso, se molestan  ahora haciéndose los defensores de las comunidades, ante una situación económica adversa que  decididamente no los afecta. Algunos de ellos alineados con ideologías que propiciaron el desfalco de años  anteriores. 

Mientras escribo esto, leo que los diputados y senadores bonaerenses nos cuestan más de 1000 (MIL) millones por día, y que desde el 2 de marzo al 28 de mayo las cámaras no sesionaron. Por otro lado, IOMA, la  obra social obligatoria de todos los empleados bonaerenses cada vez con menos prestaciones.  Además, seguramente, habrá funcionarios bonaerenses, viajaran con sus familias para ver el mundial en  EE.UU., mientras muchos bonaerenses no acceden a cubrir las necesidades básicas.  Se ha superado todos los límites; nos hemos acostumbrado a la desinformación, la indiferencia, la  insensibilidad, la intolerancia, el odio y la descalificación. Acciones en su mayoría inmorales. Solo queda hacerse un par de tristes preguntas: ¿la inmoralidad será hereditaria?. Nuestra sociedad ¿debe  tener un nuevo contrato social donde lo inmoral sea la moneda corriente? . 

La respuesta que pueda darse es también una pregunta, es acaso ¿sálvese quien pueda?. 
La