Sorprendentes pisos calcáreos

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Por Lis Solé

Sorprendentes por su color y diseño, las baldosas calcáreas cada día tienen más encanto porque remiten a tiempos pasados de esplendor y calidad tanto en estética como durabilidad.

LAS PRIMERAS BALDOSAS FUERON IMPORTADAS

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Las primeras baldosas que se usaron en Argentina generalmente venían de Marsella con variedad de marcas y tamaños. No eran caras y por esos se distribuyeron rápidamente por el interior del país. El diario “El Eco de Entre Ríos” habla que en 1853 llegaban barcos cargados con 50.000 baldosas y que para fin de la década de 1880, llegaban a Buenos Aires más de 14 millones de unidades anuales.

LAS FÁBRICAS ARGENTINAS

En Argentina fue muy conocida la fábrica de Carlos Cattáneo y Victorio Banfi que se instaló en 1886 en Buenos Aires en la calle Tucumán 3156, pero la iniciadora de esta industria fue la pionera Spinedi Hnos., en 1880. Para 1887 había en la ciudad 9 fábricas, pero aún se importaban 34.124 metros cuadrados al año (Censo de Comercio 1887. (Schávelson, arqueología urbana).

Las había de diferentes estilos con guardas o lisas, con o sin relieve. Las guardas delimitaban los motivos en los perímetros y hacían juego con los motivos principales tal como se ve en los pisos de la Casa Althabe. En la casa se han usado piezas chicas que combinadas, forman composiciones más grandes pero la medida más común era de 20 centímetros de lado y de unos dos centímetros de espesor.

LLENANDO LOS COLORES UNO POR UNO

Los colores se lograban agregando óxido de cobre, de cobalto o hierro en el cemento líquido, y luego usando moldes de hierro con la filigrana del dibujo. El cemento era echado en los compartimientos y se dejaba secar; luego se rellenaban los espacios contiguos, tanto con una delgada línea — por lo general negra— que delimitaba los dibujos, o con el mismo color del campo cercano. Este procedimiento de líneas entre campos de colores identifica al mosaico importado.

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LAS FÁBRICAS DE MOSAICO ALVEARENSES

En General Alvear, se recuerda la fábrica de mosaicos de los italianos Eugenio y Mario Paolini donde actualmente es la casa de Safar, a la derecha del Cuartel de Bomberos Voluntarios, y sobre la calle Sarmiento donde es hoy lo de Cacholino González, era la fábrica de mosaicos de Spitaletta.

Esos mosaicos se convirtieron en el patrimonio cultural que hoy tenemos en patios, galerías, pasillos, locales y viviendas, pisos que llaman la atención principalmente, esos pisos en damero en colores blanco y negro.

Los pisos calcáreos no brillan como espejo pero tienen una luminosidad especial que se intensifica con el tiempo. Los cuentos de antes dicen que había que limpiar bien los pisos con agua y después pasarles una mezcla de cera con aguarrás que le daba ese brillo mate que se potenciaba con el uso.

La idea es recuperar esos mosaicos y que cada vecino le saque una foto a sus pisos calcáreos y la suba al facebook  o las envíe por mail con la dirección donde se encuentra la casa.

¡Muchas gracias!

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