Un año para olvidar. Un año para recordar.

¿Cómo comenzar a realizar un balance de un año tan atípico, particular, “fuera del tiempo”?

Un año que nos sacó de un sacudón de la rutina diaria y nos puso cara a cara con todo lo que somos, con todo lo que tenemos,

Una de las principales capacidades que hemos demostrado como seres humanos es la de adaptarnos a circunstancias jamás imaginadas, excepto por algún director de cine apocalíptico.

Podemos decir que fue un año para olvidar ciertas cosas, las angustias, los enojos, todos los anhelos no cumplidos, las distancias, pero mejor que olvidar es aceptar, dejar ir.

Podemos decir que fue un año para recordar aquello que pudimos superar, las fuerzas internas que supimos encontrar, la creatividad que nos invadió para adaptarnos a una normalidad, que más que normal, es un tipo de extraño sueño, del que no sabemos bien cuándo despertaremos.

Pero por sobre todo, podemos decir que fue un año para aprender, aprendimos entre otras cosas que todo lo que nos hace falta para vivir es el “otro”. Ese otro que está en un encuentro, una charla, un festejo, una reunión, un apretón de manos, una caricia, un beso, un abrazo, una mirada.

Aprendimos a no dar nada por sentado, como esa bocanada profunda de aire fresco después de sacarnos el barbijo.

Y vos, ¿Cuál fue la lección más importante que aprendiste este año?

Por: María Soledad Crognale
Lic. en Ciencia Política

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