«Monógamos secuenciales»: cómo los seres humanos modernos buscan resignificar la relación de pareja

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Estadísticamente, son pocas las parejas que logran sostener un vínculo a lo largo del tiempo. Hoy, la monogamia es cuestionada y se instauran en la sociedad nuevas modalidades de construcción vincular. Si la perfección en las relaciones es esencialmente inalcanzable, ¿por qué luchar para permanecer en ellas? La opinión de los expertos

Luego de siglos de vivir con un modelo de las relaciones claro basado en el binomio de dos personas como unidad sentimental y socioeconómica, los seres humanos reinventan la relación de pareja. En la actualidad, se crean modelos hechos «a medida», basados en el anhelo (y la necesidad) de amar y ser amados, de gozar de una estabilidad afectiva, de sentirnos vinculados y de pertenecer.

Que somos seres vinculares, empáticos, amorosos, necesitados y únicos al mismo tiempo no se pone en duda. Sin embargo, la cultura establece cauces y formas para la unión amorosa a los que los seres humanos tratamos de amoldarnos. La cultura moderna nos dice que cada persona tiene su «otro», un socio perfecto para compartir el resto de su vida. Aunque la poligamia se practica en diversas culturas, los seres humanos todavía tienden a la monogamia. Otros, adoptan lo que creen como «la versión mejorada de ella».

«No debemos olvidar que venimos de hordas nómadas de cazadores-recolectores de más o menos ciento cincuenta miembros, en las que los lazos sexuales y familiares gozaban de una gran libertad de formas que contrastan vivamente con los actuales modelos de amor, tan individual, patriarcal posesivo y patrimonialista», advierte el psicólogo y terapeuta Gestalt español Joan Garriga.

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En su obra El buen amor de la pareja, Garriga se adentra en los recovecos del buen amor, un amor que se reconoce «porque en él somos exactamente como somos y dejamos que el otro sea exactamente como es».

Monogamia social secuencial o para toda la vida

La monogamia social es un arreglo de vivienda a largo plazo entre dos miembros de una especie, generalmente con fines de reproducción. Los socios pueden ser secuenciales, o puede haber un solo socio para toda la vida. La monogamia en serie, o tener socios secuenciales, por ejemplo, un compañero diferente cada temporada, es más común que la monogamia de por vida.

Para el especialista, que una persona sea monógama secuencial significa que a lo largo de su vida tendrá varias parejas estables, de la misma forma que también es frecuente que pase varias temporadas sin pareja estable. «Todo ello conlleva tanta libertad como estrés e incertidumbre en los vínculos», indicó.

Para algunos un monógamo secuencial podría describirse como una persona que posee problemas de compromiso pero que no participa en infidelidades. A un «monógamo en serie» le gusta la intimidad emocional y física de las relaciones y, por lo tanto, busca parejas que quieran una relación romántica a largo plazo y puede o no advertir a su pareja sobre su temor al compromiso.

«Un rasgo de nuestra época, a diferencia de épocas anteriores, es la mayor apertura sexual y una mayor libertad para abandonar vínculos. En épocas pasadas era frecuente que, sobre todo la mujer, llegara virgen al matrimonio y la unión de la pareja fuera ‘hasta que la muerte los separe’. Hoy por hoy, estadísticamente, son pocas las parejas que logran sostener un vínculo por mucho tiempo, la monogamia es cuestionada y las parejas encuentran nuevas modalidades de construcción vincular», sostuvo en diálogo con Infobae la psicoanalista Fiorella Litvinoff.

«La monogamia no es un rasgo del ser humano, para nada. Basta con echar un vistazo al atlas etnográfico de Murdock: analiza más de 800 sociedades y el 80% de ellas no son monogámicas; o son poligínicas (el varón tiene varias parejas sexuales) o son poliándricas (es la mujer la que tiene distintos compañeros sexuales)», aseguró en una entrevista con la BBC Manuel Lucas Matheu, presidente de la Sociedad Española de Intervención en Sexología, además de miembro vitalicio de la Academia Internacional de Sexología Médica.

Para el especialista, lo que ocurre es que la cultura occidental ha contaminado a muchísimas otras culturas y ha extendido la monogamia por el mundo. «Las especies animales que son monógamas -añadió- son aquellas que no tienen tiempo ni recursos ecológicos suficientes como para poder dedicarse a hacer cada año un cortejo. Es el caso, por ejemplo, de las cigüeñas. Las cigüeñas son monógamas porque tienen que emplear un montón de energía todos los años en las larguísimas migraciones que realizan. Y todos los animales que viven en lugares donde es difícil encontrar alimento suelen ser más monógamos».

La monogamia es criticada en parte porque implica renunciar a otras potenciales parejas, abandonar ciertos proyectos y renunciar a ciertas tentaciones sexuales. Por otro lado, las personas que apuestan a la monogamia valoran la estabilidad amorosa y económica que les ofrece una pareja que perdura en el tiempo.

Construir y sostener una pareja requiere de esfuerzo, tiempo, de atravesar períodos difíciles y tolerar desacuerdos y diferencias; y muchas personas no soportan la angustia que estas situaciones conllevan. Litvinoff sostiene que la sociedad estimula ideales imposibles de felicidad constante y parejas perfectas y muchos sujetos se dejan seducir por estos enunciados.

Los problemas que se producen en una pareja son solucionables a condición de revisar ciertos aspectos personales, pero suele ser más fácil romper una pareja antes que analizar las problemáticas individuales. A veces por no cambiar uno mismo o por no querer cambiar al otro, se tiende a cambiar de pareja.

Espejismo provisional del enamoramiento

«Muchas parejas fracasan cuando, pasado el natural espejismo provisional del enamoramiento, sus miembros son incapaces de tomar y aceptar en su totalidad la realidad del otro, incluida la habitual incapacidad para proveernos de felicidad y colmar todas nuestras expectativas. Otras, afortunadamente, son capaces de ver un poquito más allá de este espejismo: consiguen vislumbrar realmente al otro y, a partir de esa versión de lo real, aprenden a amarlo», advierte Garriga en su escrito.

 “La pareja es en realidad, un vínculo profundo pero basado en un contrato, o sea, una relación contractual, condicional, diferente por tanto a la relación entre padres e hijos, la cual es, al menos en principio, incondicional”

Si se acepta que la pareja no tiene que proporcionar la felicidad ni puede hacerlo, y se entrega a la misteriosa y aparente indeterminación de la relación, se irán dejando atrás fabulaciones, preconceptos e idealizaciones sobre el amor. Para él la pareja se podrá sostener en tanto y en cuanto provea de desarrollo y crecimiento, y de motivación e impulso.

Una vez finalizada la magia inicial se presenta un desafío que demanda que las energías se dirijan ya no a reconstruir la situación previa a la pelea, sino a establecer una relación ya no basada en el enamoramiento, sino en un conocimiento más real del otro

Una vez finalizada la magia inicial se presenta un desafío que demanda que las energías se dirijan ya no a reconstruir la situación previa a la pelea, sino a establecer una relación ya no basada en el enamoramiento, sino en un conocimiento más real del otro

Según explicó en diálogo con este medio Maximiliano Martínez Donaire, psicoanalista y exsecretario científico del Claustro de la Asociación Psicoanalítica, «no existe una relación perfecta porque el encuentro con el otro nunca encaja perfectamente con lo que uno desea». Pasado el espejismo provisional del enamoramiento, las relaciones se ponen a prueba y atraviesan otras dinámicas en la que se sostienen los vínculos amorosos pero se incorpora este margen de insatisfacción.

Cada vez que se topan con la frustración o con el malestar en una relación, los monógamos secuenciales optan más bien por interrumpir el vínculo e iniciar uno nuevo, allí donde se hacen presentes una alta carga de estímulos como la sorpresa, la novedad y el gozo que hacen que los inicios de las relaciones tengan un «plus» de satisfacción.

Para la doctora Mirta Goldstein, psicoanalista y vicepresidente de APA, «nadie debe permanecer con una sola persona toda su vida por obligación». «Si lo hace -explica-puede ser por varios motivos. El primero porque se sienta a gusto, el segundo porque no todos estamos preparados para las rupturas y el tercer porque no todos pueden sustituir al objeto amado».

Cinco condiciones para el bienestar de la pareja por el sabio hindú Swami Prajnanpad

En las relaciones de pareja no hay buenos y malos, culpables e inocentes, justos y pecadores. Lo que hay son buenas y malas relaciones: relaciones que enriquecen y relaciones que empobrecen. Hay dicha y desdicha. Hay buen amor y mal amor. Y es que el amor no basta para asegurar el bienestar: hace falta el buen amor.

Hay criterios que permiten reconocer si nos estamos juntando con la persona adecuada o no, si estamos más cerca o más lejos de que el amor se logre. Arnaud Desjardins, discípulo del sabio hindú Swami Prajnanpad, explica en su libro Una vida feliz, un amor feliz los cinco criterios que su maestro le enseñó.

-Que sea fácil y que fluya sin demasiado esfuerzo. Que las cosas sean cómodas, que no tengamos que malgastar grandes cantidades de energía en emociones ni se nos obligue a luchar contra éstas. A veces nos juntamos con personas con las que inevitablemente todo es complicado y se avanza con pesadez y esfuerzo. No necesariamente se trata de parejas; pueden ser socios, amigos, vecinos o conocidos; a veces son personas con las que, no sabemos por qué y a pesar de nuestros deseos, la relación no fluye con naturalidad.

-Que se trate de dos naturalezas no demasiado incompatibles. A menudo, la fascinación amorosa ignora con soberbia la incompatibilidad de dos naturalezas, y las personas creen amarse de buena fe pero carecen de la posibilidad de una comprensión verdadera. Algunas personas llevan cincuenta años viviendo en pareja, se tratan muy mal y se insultan constantemente. La gente a su alrededor se pregunta: «¿Por qué siguen juntos?» Porque el intercambio negativo, el intercambio desde el malestar y el maltrato, también crea vínculos muy profundos entre las personas

-La tercera condición es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan como tales, acompañados, ya que el otro es también un amigo y la amistad no se desgasta con el curso de los años.

-La cuarta condición es tener fe y confianza plena en el otro. Que no sea necesario temer, desconfiar o protegerse para poder reencontrar un corazón inocente. tener la convicción de que el otro no nos va a dañar. «En mi experiencia cuando el miedo se ha consolidado en una relación durante un largo tiempo ya no hay vuelta atrás, y la única salida a la enemistad suele ser la separación», observó el español.

-La quinta y última de las condiciones, es si cabe, la más difícil de cumplir: el deseo espontáneo de que el otro esté bien, lo cual quiere decir, el deseo de que esté bien por encima de los propios miedos y carencias. «En tiempos actuales, en los que se vive la pareja más al servicio del ‘yo’ que del ‘tú’ o del ‘nosotros’, es más común que uno tenga el impulso espontáneo de que el otro lo haga feliz y no de hacer feliz al otro».

«Cuando un monógamo secuencial o serial se topa con las primeras incomodidades considera más fácil interrumpir el vínculo y buscar otro. Si la imperfección va a ser un motivo ineludible de separación, pues bien ningún vínculo amoroso debería existir», concluyó Martínez Donaire. Sin embargo, una gran cantidad de vínculos amorosos logran sostenerse en el tiempo porque pueden incorporar ese margen de malestar. Pero, ¿realmente vale la pena?

Por Belen Filgueira