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Los árboles de naranja amarga que decoran el centro de San Pedro, plantados inicialmente con fines ornamentales para un Día del Viverista, dejaron de ser un simple componente del paisaje urbano para transformarse en el centro de una inédita negociación internacional.
Una planta de procesamiento farmacéutico con sede en Vietnam, vinculada a capitales chinos, puso sus ojos en estos frutos locales con el objetivo de evaluar su viabilidad para la extracción a gran escala de hesperidina, un compuesto flavonoide de alta demanda global.
El origen de este inesperado puente comercial se remonta a un proyecto educativo surgido en el laboratorio de química orgánica de la Escuela de Educación Secundaria Técnica N.º 1 “Juan Bautista Azopardo”.







