
Según el calendario, comenzamos un nuevo año, y más allá de como cada una/o elija transitarlo, soy una convencida que si sirve de excusa para incentivarnos a tomar acción y rediseñar nuestros hábitos para ganar bienestar, “bienvenido sea el año nuevo”.
Y es desde ese enfoque, que te invito a reflexionar sobre la siguiente pregunta ¿Cuán comprometida/o estas realmente con tu propio bienestar?
A menudo nos encontramos esperando el momento «perfecto» para empezar algo. Esperamos sentir esa chispa mágica llamada motivación para ponernos las zapatillas y salir. Sin embargo, en este «aquí y ahora», quiero invitarlas/los a cuestionar esa idea y a descubrir que la verdadera transformación no surge de la espera, sino del movimiento.
En mis charlas/talleres y hasta en los encuentros entre amigas, me gusta expresar que en este compartir(me) que no busco convencer a nadie de nada. Convencer a otra persona es atentar contra su libertad de creer. Mi intención hoy es simplemente mostrar lo que a mí me suma y me impulsa, para que cada una/o llegue a su propia verdad, a su propia receta, a través de sus propios pasos.
Hoy en día, la idea de «estar motivada/o siempre» está sumamente sobrevalorada, casi como si tuviera purpurina, “Está muy gllitereada”, suele ser mi expresión. Pero la realidad humana es otra: no es posible mantener ese estado de forma constante. Si esperamos a sentirnos motivadas/os para actuar, es probable que terminemos frustradas/os o comparándonos con estándares irreales.
NO PUEDES ESTAR SIEMPRE MOTIVADA/O PERO SÍ COMPROMETIDA/O
El secreto no está en buscar la motivación antes de empezar, sino en encontrar el «para qué» nos movemos. Cuando nos ponemos en acción, las sensaciones corporales y emocionales que experimentamos son las que realmente nos regalan la energía para continuar y convertir la actividad física en un hábito.
La actividad física no debe entenderse desde los resultados estéticos —que son solo una consecuencia—, sino desde la salud. Es una herramienta fundamental para conocer nuestro propio cuerpo, porque el cuerpo siempre nos habla, aunque a veces no sepamos o no queramos escucharlo.
Cuando empezamos a entender el movimiento de forma consciente, dejamos de verlo como una obligación y lo empezamos a ver como un espacio propio, eso nos brinda beneficios reales y convierte a la actividad física en:
Una herramienta de autoconocimiento: El cuerpo siempre nos habla; el desafío es aprender a escucharlo. Un motor de independencia: El movimiento genera desarrollo personal en todos los ámbitos y edades. Un espacio creativo: Movernos abre posibilidades de pensamiento, ayudándonos a resolver problemas o crear nuevas ideas.
Y en el aquí y ahora del propio movimiento entra en juego el poder de nuestro diálogo interno, el cual toma un papel muy relevante, por no etiquetarlo como “La clave”, para sostener cualquier cambio que elijamos sostener en nuestra diaria. Ten presente que la calidad de tus pensamientos determina cómo te hablas a vos misma/o, y eso lo cambia todo.
COMO PENSAS, SENTIS; COMO SENTIS, ELEGIS; COMO ELEGIS, ACCIONAS.
En esa dinámica poder cuestionar nuestras creencias limitantes, atrevernos a cuestionar cómo estamos pensando, nos permite ver posibilidades de acción, creer que podemos y dar el paso. Al dar ese primer paso, la acción reduce la ansiedad porque el cerebro comprende que estamos haciendo algo para salir de esa inercia. El cuerpo se renueva y la energía comienza a fluir.
Ahora bien. Ya diste el primer paso, ahora hay que sostenerlo!! Y para eso necesitas de tu compromiso y amor propio, ¿Por qué? Porque el compromiso es con vos, con tu salud, con tu bienestar, con tu templo-cuerpo. Y si realmente no estás comprometida/o, si no encontraste el verdadero valor en moverte, “tu para qué hacerlo” va a ser más complejo que lo puedas sostener en el tiempo, como ritual de vida.
Lamento decirte que ni la disciplina se regala, ni la constancia se compra en ninguna parte. Ambas son construcciones diarias que nacen del compromiso con una misma/o. Este compromiso es un acto de voluntad y, sobre todo, de amor propio que se edifica paso a paso, día a día, elección a elección.
La vida es movimiento y nosotros somos movimiento. El camino es de adentro hacia afuera: cuando nos autopercibimos en movimiento, logramos un mayor conocimiento sobre nuestro cuerpo y nuestra forma de pensar. No busco convencerte, sino invitarte a que lo descubras vos misma/o. La invitación es, por un lado, a que te pongas las zapas, no la dudes tanto y te muevas, a tu propio ritmo, encontrando tu sentido al hacerlo. Porque, al final del día, la transformación más profunda siempre sucede en movimiento. Y en segundo lugar a que te tomes unos minutos y te respondas con total “amorosidad” estas preguntas poderosas:
*¿Cuántas veces postergaste empezar a moverte esperando el “momento ideal” o las ganas suficientes?¿qué pasaría si hoy te pones las zapas aunque no tengas ganas, solo para ver qué sentís?
*Cuando pensas en hacer actividad física ¿qué es lo primero que te decís? ¿ese pensamiento te impulsa o te eyecta fuera de la acción?
*Si olvidamos por un momento los resultados estéticos (el espejo y la balanza) ¿qué beneficio real (mental, emocional o espiritual) te daría hoy regalarte un momento de movimiento?
*¿Qué pequeño paso (por más pequeño que sea) podés dar hoy para empezar a construir tu fuerza mental y amor propio?
NO SIRVE UN DISCURSO APRENDIDO SI NO NOS COMPROMETEMOS A CREAR CAMBIOS REALES. POR ESO LO QUE HABITAS DENTRO TERMINA TOMANDO FORMA AFUERA.
Es un buen momento para buscar conectar, re formular y aprovechar este año para re construir-te. Si algo de todo esto te resonó y te gustaría que te acompañe en ese camino de transformación de tu bienestar no dudes en escribirme al WhatsApp +5492345418981 o por privado a mi IG @emack38, junto/as podemos descubrir la versión más fuerte y auténtica de ti.
Gracias, siempre, por leerme. Los abrazo
No te olvides que es de adentro hacia afuera. Que no es lo que sucede lo que define cómo pensamos – miramos. Que nuestra mente es como un jardín, nuestro propio jardín, y somos nosotros/as los/las que elegimos cómo y qué cultivar en él








