
“Sabemos lo que nos hace bien, pero no siempre lo elegimos”
En estas últimas semanas, en muchas sesiones aparece algo que se repite:
“Sé lo que tengo que hacer… pero no lo hago.”
“Siempre aparece algo más importante.”
“Encuentro excusas para no priorizarme.”
Y entonces la pregunta deja de ser qué hacer y pasa a ser otra, mucho más incómoda:
¿Por qué nos cuesta tanto cuidarnos a nosotros mismos?
Venimos hablando de habitar el cuerpo y de responsabilidad biológica.
De escuchar lo que sentimos y responder en coherencia.
Pero hay algo importante que necesitamos decir:
Pensar y comprender lo que nos pasa puede darnos claridad, pero no nos transforma.
El cambio ocurre cuando guiamos nuestra conducta por lo que ya hicimos consciente, cuando llevamos lo que entendemos a la acción.
Utilizar el saber como una guía, y no como un juego intelectual.
Sabemos que movernos nos hace bien. Pero no siempre queremos hacerlo.
No es falta de información. Es resistencia. Es la inercia de ponernos siempre después.
Incluso en mi propia experiencia —después de más de 15 años corriendo en montaña— esto sigue pasando.
No siempre tengo ganas.
No siempre el cuerpo responde igual.
No siempre es fácil elegirme.
Y sin embargo, ahí es donde más sentido cobra todo esto: entender que el movimiento no es exigencia, es vínculo.
Durante mucho tiempo nos enseñaron que el movimiento es una obligación: hay que entrenar, hay que rendir, hay que sostener. Y sin darnos cuenta, convertimos algo natural en una exigencia más.
Entonces aparece el “tengo que”. Y desde ahí, el cuerpo deja de ser un aliado.
¿Y si lo damos vuelta?
¿Y si moverte fuera una forma de escucharte en acción?
No todos los días tu cuerpo necesita lo mismo.
Hay días para empujar.
Hay días para frenar.
Hay días para descargar.
Y otros, simplemente para moverte suave y respirar distinto.
El problema no es no moverse. Es moverse desconectado. Pero hay algo importante —y poco cómodo—:
Elegir tu bienestar no siempre se siente bien en el momento.
A veces no tenés ganas. A veces estás cansado. A veces te gana lo urgente. Y sin darte cuenta, volvés a postergarte.
Cada vez que haces eso, no pasa nada grave. Pero sí pasa algo silencioso: reforzás el hábito de no elegirte.
Cuidarte no es un acto épico. Es una decisión diaria. Es moverte aunque no tengas ganas. Es frenar cuando tu exigencia empuja. Es elegirte, incluso en lo pequeño.
Por eso, tal vez la pregunta no sea “¿qué actividad debería hacer?”
Sino: ¿qué está necesitando hoy mi cuerpo… y estoy dispuesto a escucharlo?
Te regalo una propuesta para esta semana
Antes de empezar el día, hacete una sola pregunta:
“¿Cuál es el mínimo gesto de cuidado que hoy sí puedo sostener?”
Y cumplilo.
Puede ser moverte 10 minutos, salir a caminar, estirarte o simplemente frenar a descansar. No busques hacerlo perfecto. Buscá hacerlo posible.
Porque cuando el movimiento deja de ser una obligación,
se transforma en una forma concreta de habitarte.
Y ahí, algo cambia:
dejás de exigirte…y empezás a acompañarte.
Con el tiempo entendí que cuidarnos no es hacer más, sino empezar a elegirnos mejor. Desde la experiencia, y no solo desde la idea.
Si sentís que es momento de dejar de postergarte y empezar a construir una relación más coherente con tu cuerpo y tu energía, podés escribirme.
Ema Mac Cormick
Coach Ontológica | Facilitadora de procesos de desarrollo personal y deportivo
📩 IG: @emack38
📱 WhatsApp: 2345 418981








