Debate presidencial: lo mejor y lo peor de Mauricio Macri

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El Presidente tardó en entrar en clima, pero terminó golpe por golpe con Alberto Fernández.

Eran las 21.51 cuando Mauricio Macri pareció entrar definitivamente en modo debate. Los moderadores le concedían su segunda tanda de 30 segundos para el segundo tema, las Relaciones Internacionales, y el Presidente buscó sacudir a su rival kirchnerista en el punto más sensible: primero habló de “corrupción” y luego recordó las críticas, durísimas, que Alberto Fernández le hacía a Cristina Kirchner hace unos pocos años, casi como un dirigente opositor. La acusaba, entre otras cosas, de haber destruido la economía y de haber malgastado las reservas, entre otras cosas. También, rememoró el candidato oficialista, se ocultaba la pobreza.

Esa primera reacción de Macri también contuvo, en un punto, una debilidad del Presidente en el debate. Tardó más de media hora en mostrar una reacción ante un Alberto Fernández más activo. Mucho para un candidato que corre muy de atrás, según el resultado de las PASO, que lo dejó 16,56% abajo de su rival del Frente de Todos.

En una comparación boxística, Macri llegó al debate perdiendo por demasiados puntos y con pocos rounds por delante como para no intentar, más temprano que tarde, algún golpe de nocaut. En ese punto pareció faltarle sorpresa y celeridad.

Más allá de cierto nerviosismo inicial, que le hizo desperdiciar segundos en sus primeras intervenciones, con el correr del debate Macri mostró su gimnasia en este tipo de presentaciones. Es, por lejos, el candidato que más debatió de los que competirán por la Presidencia. Nunca se salió de eje pese a que por momentos soportaba un 5 contra 1.

En esa línea, el candidato de Juntos por el Cambio eligió ir dejando una serie de palabras y frases asociadas a la propuesta de Juntos por el Cambio: verdad, decencia, respeto, libertad, equipo. Y en cada tema se iba diferenciando del pasado y procuraba recrear alguna expectativa. También buscó defenderse, con datos, en uno de los puntos más cuestionados de su gestión: la deuda. Y tuvo buen final, metiendo el dedo en el “dedito acusador” y la “canchereada”, en directa alusión al estilo que exhibió su rival K.

Fuente: clarin

Por: EDUARDO PALADINI