En el Día Mundial del Ambiente, el grupo ECOS sostiene: “Tenemos que sentirnos parte de la naturaleza, no sus dueños”

El grupo ecologista saladillense ECOS, a través de Gabriel Arisnabarreta, habló con ABC Saladillo en este Día Mundial del Ambiente ‘diferente’. Cada 5 de junio desde 1972 se celebra este día, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de tomar conciencia sobre la importancia de los recursos naturales y su preservación, e intensificar la acción política. “Después de esta pandemia no podemos seguir preguntándonos si las propuestas sustentables son viables o no… son, en realidad, imprescindibles”, afirma Gabriel.

El debate en torno a los sistemas productivos hegemónicos, en tiempos de crisis pandémica por Coronavirus, evidenció la necesidad de un modelo alternativo más saludable y que tenga llegada a los más necesitados. Los agrotóxicos en los cultivos, la depredación del ambiente y los feedlot en las ganaderías son algunas de las prácticas más cuestionadas del capitalismo que hoy parece tambalear. “Ahora, lo que cabe preguntarse, es si pensamos que se puede volver a aquella normalidad injusta, excluyente, antisocial o bien comenzamos a actuar para torcer el rumbo”, expresa Gabriel.

“Este 5 de Junio, Día Mundial del Ambiente, nos encuentra en una situación muy particular. Es muy difícil que unos pocos años atrás alguien hubiera imaginado que, en este 2020, gran parte de la población mundial tuviera que salir a la calle con barbijo. Y mucho menos que todo el modelo hegemónico mundial que dominaba al planeta estuviera casi paralizado…  Es casi (o sin el casi), una película de ciencia ficción”, suma el integrante de ECOS.

Luego, Gabriel agregó: “Pero tenemos que dejar atrás esta sensación y darnos cuenta que no es ficción sino que es la realidad a la que nos ha llevado todo un modelo de vida de la sociedad. Más allá de los miedos, la incertidumbre y el dolor del momento, este momento  nos tiene que servir para reflexionar y para no volver a aquella ‘normalidad’ que nos condujo a esta situación. Algo anduvo mal en todos estos años para que lleguemos finalmente a este colapso: nos mintieron mucho, nos dijeron que era el progreso, que no había opciones y que nada se podía detener… Sin embargo un virus lo hizo”.

“Hay mucha confusión e incertidumbre, sobre todo en lo relacionado a cuál pudo haber sido el origen de este virus. Pero cualquiera de dichas hipótesis (guerra biológica, experimentación con patógenos en laboratorios o incluso una zoonosis nacida de la ganadería intensiva), nos lleva inexorablemente a un mundo bélico, dominado por unos pocos, por corporaciones que se hicieron dueñas del planeta, un mundo mercantilizado donde lo único que importa es el lucro inmediato y donde la relación sociedad/naturaleza fue de dominación. Ahora lo que cabe preguntarse es si pensamos que se puede volver a aquella normalidad injusta, excluyente, antisocial o bien comenzamos a actuar para torcer el rumbo”.

Gabriel, además, prestó especial atención a la cuestión de la alimentación saludable: “Dentro de las cosas que quedan claro podemos mencionar que, en estos tiempos de pandemia, la alimentación pasó a ser algo esencial y que está absolutamente demostrado que cuanto más variada y sana sea, mucho mejor será para nuestros cuerpos y para nuestra salud”.

Otra de las cuestiones que Arisnabarreta destaca que quedó en evidencia es “que la enorme carga de agrotóxicos que utiliza el agronegocio baja las defensas y la inmunidad de nuestros cuerpos, y por lo tanto estamos más débiles frente a cualquier adversidad. Es imprescindible salir del agronegocio e ir hacia una agricultura agroecológica que produzca alimentos sanos y variados cerca de cada pueblo o ciudad. Existen experiencias exitosas en todo el mundo de agroecología y Saladillo no es la excepción”.

“También quedó claro que no podemos aceptar tener enormes cantidades de territorios sin gente y ocupados por cultivos transgénicos, ya que ese modelo es el que transforma a las ciudades en mega ciudades insustentables, con gente hacinada en los barrios y sin acceso, en muchos de ellos, a aspectos básicos como vivienda digna, salud, agua, alimentación”, agrega Gabriel.

“Tenemos que sentirnos parte de la naturaleza y no sus dueños. No podemos seguir viviendo sin mirar a nuestros costados, saqueando todos los bienes comunes, volando montañas, destruyendo humedales, perdiendo biodiversidad… Todo eso más temprano que tarde nos afectará. No podemos pensar en tener salud en un ambiente contaminado y dañado por la acción del hombre. La salud es una sola y la preservaremos cuidando el lugar donde vivimos y  a cada uno de los seres vivos que forman parte del mismo”.

“Por supuesto que la transición de un modelo hacia el otro no va a hacer fácil y en este sentido el Estado junto a las organizaciones sociales deben estar presentes para cambiar no solo técnicas sino también monoculturas de pensamiento. Necesitamos cambios en la producción, en la educación, en la ciencia, en la economía y también en la política”, sostiene Gabriel, quien por último agrega:

“Después de esta pandemia no podemos seguir preguntándonos si todas estas propuestas son viables o no… son en realidad imprescindibles, salvo que pretendamos seguir viviendo en el mundo anterior, de pandemia en pandemia y sin importarnos las injusticias sociales que dicho sistema provocó”.