El día que un virus paró al mundo

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Mucho se habla de cuál pudo haber sido el origen de este virus COVID 19.

Como  explica Guillermo Folguera, filósofo, biólogo y trabajador del CONICET, que disertó el año pasado en la Cátedra Abierta Ambiente y Sociedad, en Saladillo:

¨Puede tratarse de:

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– Una zoonosis producida por un virus que pudo haberse originado en un murciélago, de allí haber saltado hacia algún otro animal silvestre o bien hacia algún animal domestico criado en forma intensiva y finalmente haber llegado al hombre.

– Un virus liberado por accidente de un laboratorio de biotecnología en Wuhan en el que experimentaban con patógenos muy peligrosos.

– Un virus generado por el ejército norteamericano y liberado en China en el contexto de la guerra comercial entre ambos países.

Y la lista sigue…

En todos los casos se coincide en que el virus tiene una alta tasa de contagio y virulencia, sobre todo en lugares con hacinamiento y mala alimentación.

Todas  las versiones son verosímiles, cada una de ellas podría ser verdadera.

Y que sean verosímiles no nos dice mucho de este evento en particular, pero sí de cómo es nuestro mundo.

El carácter bélico, la lógica empresarial que gobierna, el ocultamiento de los Estados, el desprecio por las vidas de las comunidades, el hacinamiento y la mala alimentación, todo eso le da un marco de realismo a las historias.

O dicho de otro modo: no sabemos cómo se ha generado el virus, pero si conocemos y experimentamos desde hace años los motivos sociales y ambientales de su éxito.¨

Y para Ecos de Saladillo, junto a numerosas organizaciones de todo el mundo, éste es el tema a analizar y a tener en cuenta de acá en más…

 El presente es triste y confuso, queremos salir de este encierro sin volver una y otra vez a cometer los mismos errores.

Este sistema que dominaba o sigue dominando al mundo, con o sin COVID 19, nos lleva al abismo, y si no tomamos conciencia de estas cuestiones y actuamos en consecuencia, en poco tiempo enfrentaremos una nueva pandemia o cualquier otra debacle.

Se trata de un mundo injusto, donde una minoría concentra grandes riquezas frente a una mayoría pobre, donde corporaciones mundiales se hicieron dueñas de nuestras vidas, donde se acelera el hambre, la desnutrición y la mala alimentación.

Un mundo donde todo es marketing, desde la política hasta los alimentos, donde es difícil sentarse a descansar tranquilx un rato. Un mundo donde el ser humano es nada más que un eslabón dentro de las cadenas de explotación laboral, donde se violan los derechos humanos más elementales, donde se destruye el ambiente del que formamos parte, donde se discrimina, donde se ataca a lo diferente, donde se contamina irracionalmente al agua,  la tierra y al aire en pos del negocio, donde el cambio climático, incentivado por las grandes potencias y corporaciones, se ha instalado para quedarse trayendo nuevas enfermedades y muerte, donde se nos propone como modelo de mundo y de país crecer indefinidamente utilizando recursos o bienes comunes que son finitos, donde se endiosa a la tecnología de punta o a la tecnociencia como capaz de resolver todos los problemas que el mismo modelo origina y se desprecian otras miradas, otros saberes, otra forma de entender la ciencia, donde se obliga a gran parte de la población a dejar sus territorios para terminar hacinados en grandes ciudades insustentables, donde muchxs se ven obligados a migrar buscando nuevos horizontes, alejándose de sus casas, de sus afectos, de su historia, quedando cientos de ellxs en el camino… y acá también la lista podría seguir.

¿Quién podía pensar que ese mundo podía continuar así?

Sólo los que se sienten poderosos o parte  indisoluble de este modelo dominante y también aquellxs que piensan que nada se puede cambiar..

Nos preocupa que todo esto termine simplemente con una vacuna y que volvamos a retomar una supuesta normalidad.

De hecho hay algunas cuestiones que parecieran dirigirse en esa dirección.

No podemos dejar de mencionar que el modelo de los transgénicos, fumigaciones y agrotóxicos fue declarado  como esencial y exceptuado de cualquier cuarentena, lo mismo que la ganadería industrial, que la minería y los monocultivos forestales. Es absolutamente probable, dentro de la lógica del mundo actual, que nos digan que ahora hay que profundizar ese modelo extractivo con agrotóxicos y cianuro para generar divisas y paliar la crisis económica del COVID 19.

Tampoco se puede desconocer que la Industria farmacéutica sigue la misma lógica y criterios que la agricultura química(hacen negocios con las consecuencias de las enfermedades y no les importan las causas) De hecho Bayer y Monsanto ya son la misma empresa.

Vemos con una enorme preocupación que se le reduzca el sueldo entre un 25 y un 30%  a lxs trabajadores de grandes grupos empresarios, con el aval de centrales obreras y del Ministerio de Trabajo y que muchxs otros se quedan sin su trabajo.

Vemos preocupados que, con la excusa de cuidarnos, se desaten persecuciones desde Fuerzas del Estado contra vecinxs y se incentive la denuncia entre vecinxs como así también que aumenten aún más los controles sociales en las redes virtuales. No nos gusta que el discurso predominante sea el del pánico y todxs estemos encerrados y peor aún calladxs y desmovilizadxs. Algún día tendremos que salir de nuestras casas…

Nos preocupa entonces que algunxs hablen de que los grandes cambios que vendrán serán que ya no nos podremos abrazar, o juntarnos o besarnos, por lo menos por un largo tiempo… y que pretendan que eso sea reemplazado por las máquinas, por una video llamada o por el zoom. Nos preocupa que no se entienda que el ser humano necesita vivir en sociedad y que necesitamos encontrarnos, hacer circular la palabra, hacer amigxs, para construir, para intercambiar ideas, para aprender, para hablar, para mirarnos a los ojos, para organizarnos en defensa de nuestros derechos colectivos, para crear y divertirnos.

Sin embargo, existe también la posibilidad de que esta crisis planetaria permita recapacitar a una parte importante de la población y desde allí organizarnos para avanzar hacia un mundo distinto.

De hecho, creemos que algo de eso está ocurriendo. Mucha gente se sorprende de poder escuchar el silencio, de ver animales transitando en lugares insólitos, de la baja en la contaminación visual y acústica, del descenso en los niveles de contaminación del aire, muchxs han descubierto a los alimentos agroecológicos por primera vez, muchxs empiezan a acercarse cada vez más a las ferias verdes… Eso es alentador… pero no puede ser pasajero. No podemos de ninguna manera volver a la normalidad ficticia del mundo anterior.

Quedó claro que la tecnociencia no es para nada la solución a los problemas del mundo globalizado, al contrario, es parte del problema, ya que se encarga de investigar para aumentar las ganancias de las grandes empresas y corporaciones pero casi nunca se ocupa de los problemas reales de la gente y del planeta.

Quedó claro también que las enormes ciudades donde gran parte de la población vive hacinada son insustentables y son presa fácil de cualquier situación desequilibrante. Habrá que planificar y pensar entonces en ciudades más chicas, con poblaciones más distribuidas a lo largo y ancho de nuestro territorio, donde la gente pueda desplazarse más fácilmente sin necesidad de amontonarse en los medios de transporte ni en los lugares de compras. Necesitamos entonces una ciencia digna que se ocupe de la gente, que actúe con miradas interdisciplinarias acordes a las complejidades de los problemas de hoy.

Quedó claro también qué hay cosas básicas y otras que nos hicieron creer que eran imprescindibles… pero en realidad no lo son, que fueron creadas para el Use y Tire (como bien dijo Eduardo Galeano)

Durante esta pandemia se compró lo necesario y gran parte de lo necesario es el alimento. Es importante entonces que esas ciudades más pequeñas tengan producción de alimentos variados y sanos en las cercanías. Es importante entonces el desarrollo local, el fomento de la agroecología para que la población acceda a alimentos que no la enfermen y, por lo contrario, la ayuden a poder enfrentar mejor cualquier enfermedad. Numerosos trabajos científicos demuestran que la enorme carga de agrotóxicos que usa el modelo agrícola actual baja las defensas inmunológicas y nos hace más débiles frente a las adversidades.

Pero no alcanza con fomentar la agroecología sólo en cinturones verdes alrededor de las ciudades. La agricultura química, de transgénicos, agrotóxicos y monocultivos ha deforestado masivamente al país, ha destruido todo tipo de ecosistemas naturales, ha contaminado agua, tierra, aire y alimentos, ha destruido el equilibrio biológico, ha desaparecido especies, ha despoblado el campo, es responsable de emitir casi el 50% de los gases de efecto invernadero que alientan el cambio climático y han confinado a los animales en verdaderos campos de concentración que se transforman en un caldo de cultivo ideal para que desde allí se originen bacterias y patógenos de impredecibles consecuencias. La gripe aviar y la gripe porcina son sólo algunos ejemplos evidentes de esto y algunos trabajos e investigaciones científicas no descartan que el COVID 19 pueda tener también algo que ver con esto.

Necesitamos  un plan que nos permita salir del modelo agrícola/ganadero industrial para pasar al sistema agroecológico, necesitamos dejar de pensar al campo como una fábrica empresarial productora de mercancías para transformarlo en un territorio poblado donde se produzcan alimentos para nuestro pueblo. Necesitamos entonces desde las escuelas y Universidades educar con otra mirada.

Las grandes empresas y multinacionales fueron las primeras que se apresuraron a echar trabajadrxs o a bajarles su sueldo. Queremos empresas familiares, pequeñas a medianas, cooperativas u organizaciones similares con fuerte arraigo en el territorio que produzcan lo necesario, lo importante, lo imprescindible y que generen trabajo local.

Ya quedó muy atrás el tiempo del reciclado, debemos primero producir menos basura, menos residuos. Hoy es prioritaria la reducción. Islas de plástico aparecen en los océanos, ya no hay tiempo. No tiene sentido seguir produciendo plásticos en las cantidades actuales con el argumento del reciclado posterior. Hay que reducir el packagin volver a la bolsa reutilizable y a los envases retornables.

Por supuesto que deberemos pensar entonces en otra economía, una economía justa y solidaria, que proteja nuestros derechos básicos, la vivienda digna, el acceso a la tierra, la salud, la educación… que no vea al ser humano como un simple engranaje de una máquina de hacer plata para unos pocos. Debemos salir de toda forma de extractivismo y explotación. Necesitamos un sistema que proteja a los bienes comunes y a los ecosistemas.

La lista sigue… quedan muchas cosas importantes por decir en el camino.

El desafío es aprovechar este momento para cambiar al mundo, pero para ello debemos organizarnos y unir las distintas luchas que van en esa misma dirección.

Ya no nos podrán decir que este mundo es el único posible y que no se puede parar…

Si un virus lo hizo, quizás también los seres humanos lo podamos hacer… ¿o no?

ECOS DE SALADILLO

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