Pérez Cavalli: “Muerto el perro NO se acabó la rabia”

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FICCIÓN 


Imagínese que usted tiene cuatro hijos que -por algún motivo menor- son transitoriamente detenidos. Para recuperar su libertad, es necesario pagar una fianza y usted es el único que puede conseguir el dinero. La cosa no es fácil porque el monto es alto. Aun así, usted mueve cielo y tierra para conseguirlo hasta que después de un tiempito, por fin, lo logra. Plata en mano, paga la fianza y hace todos los trámites legales para recuperar a sus hijos y terminar con la pesadilla. 


Pero imagínese que cuando llega ese día, usted se dirige a la unidad penitenciaria y el encargado le comunica que dos de sus hijos murieron en una presunta pelea con otros internos. Usted quedará atónito. Y además de la tristeza infinita que sentirá, se preguntará ¿cómo fue qué pasó? ¿Por qué sus hijos fueron confinados junto a otros reclusos violentos y peligrosos? ¿Por qué no les aseguraron las medidas de seguridad necesarias? ¿No es el Estado el encargado de velar por la integridad de los detenidos?

Después de semejante mazazo, lo que usted primero querrá hacer es ir rápidamente a abrazarse con sus otros dos hijos. Pedirá que se los entreguen de manera inmediata, que vayan urgente a buscarlos y que se los pongan a disposición.

Pero imagínese que los que le traen para retirar NO SON SUS HIJOS. A esa altura usted pensará que todo es una tomada de pelo, una broma de mal gusto. Pero no. Es real. Y hasta intentan convencerlo de que sí son sus hijos. Como si usted no los conociera (¡a sus propios hijos!).


Al borde del infarto, usted pedirá hablar inmediatamente con él Jefe del Área para pedir explicaciones, se reunirá con esa persona, le contará lo sucedido y le exigirá una solución.


Ahora haga un último esfuerzo e imagine que la respuesta que le da la máxima autoridad es que: “USTED ES EL CULPABLE DE LA MUERTE DE SUS HIJOS Y LA DESAPARICIÓN DE LOS OTROS DOS POR HABER TARDADO EN IR A BUSCARLOS”


Con honestidad: Usted, ¿COMO REACCIONARÍA?




REALIDAD

El relato es una metáfora que no trata de humanizar a los animales (a pesar que a veces tienen comportamientos más humanos que los propios humanos), sino de poner en toda su dimensión el horror de lo sucedido esta semana con los perros de Leonel Roldan y con la penosa respuesta de la directora de Bromatología, Soledad Galindez. 


Las cuatro mascotas fueron retenidas y llevadas al albergue canino municipal en el marco de un control antirrábico. El Juez de faltas ordenó la devolución de los animales previo pago de una manutención, que estuvieran vacunados y que Roldan haya adoptado las medidas necesarias para contenerlos dentro de su propiedad. 

Al ir a retirarlos, Roldan se encontró con que dos de sus perros habían muerto en la perrera y que los otros dos que le querían entregar no eran los suyos. Consultada por los medios, Galindez se justificó diciendo que ellos no son los responsables de lo sucedido a los perros ya que Roldan tardó en ir a buscarlos.


Conclusión: Ni a Capusotto se le habría ocurrido un sketch tan pero tan bizarro.

EN SUMA

El relato empleado al comienzo de estas líneas es una figura retórica que, brutalmente, usando a este tristísimo caso como testigo, lo que en el fondo busca es:

1) Exigir que de una vez por todas el Estado Municipal tenga una política seria en materia animal. 

2) Que la perrera deje de ser un lugar más parecido a un campo de concentración y exterminio que a un  albergue canino. 

3) Que los funcionarios del área muestren una mínima empatía ante estas situaciones.

4) Y que ante sus desaciertos, al menos, se hagan cargo de sus errores.

Carlos Pérez Cavalli 

Concejal Frente de Todos