El menosprecio del futuro detrás de la crisis educativa

Crisis educativa: el menosprecio del futuro

Presencialidad, revinculación, modalidad mixta y clases cuidadas…La educación en tiempos de pandemia trae consigo una batería de nuevos términos. Pero sobre todo, lo ocurrido en las últimas semanas con las idas y vueltas en torno al regreso de las clases nos deja una certeza incuestionable: hablar mucho de algo no implica hacerlo bien.

La calidad del debate público no la determina únicamente la cantidad de voces que participan; la profundidad y la claridad en las ideas, así como el compromiso cívico para con un derecho fundamental como la educación, son algunas cuestiones que lamentablemente no abundanen estos días.

El Gobierno evidencia una parálisis preocupante en el frente educativo.La sucesión de expresiones de deseos de los funcionarios contrasta con la ausencia total de decisiones firmes y transparentes que ordenen el panorama de más de 13 millones de alumnos, de los cuales se calcula que más de un millón ha tenido nulo o escaso contacto con la escuela el último año.

Por otro lado, varios dirigentes gremiales no acusan recibo de las gravísimas consecuencias en el aprendizaje de niños y jóvenes que provocó el 2020 con escuelas cerradas y una virtualidad para la que el sistema no estaba preparado, y entorpecen las posibilidades de llegar a los consensos básicos que necesita todo el país.

Para allanar el camino es necesario partir de una premisa fundamental, que muchos actores —explícita o implícitamente—dejan a un costado. La interrupción de las clases presenciales fue una medida acertada casi un año atrás ante la llegada de un virus desconocido que colapsó Europa. Pero de ninguna manera puede continuar siendo una solución hoy, cuando el escenario es otro y sabemosperfectamente el daño que provocó mantener a niños y jóvenes en su casa tanto tiempo.

A las políticas públicas les dan forma la evidencia, lo que sucede en el terreno, la realidad que vive la ciudadanía. Necesariamente tienen que evolucionar y adaptarse a la coyuntura en la que deben influir. La profundización de la desigualdad entre los alumnos, el impacto de la falta prolongada de vínculos con compañeros y docentes en su desarrollo emocional y cognitivo, así comola deserción escolar configuran una actualidad que exige respuestas urgentes de parte de las autoridades. La lógica es sencilla: una crisis sin precedentes suponela implementación de cursos de acción ambiciosos para salir de ella.Las vacilaciones y demoras precarizan aún más un sistema educativo que está en emergencia hace demasiado tiempo.

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Reducir el debate a presencialidad sí o presencialidad no es una equivocación enorme que soslaya la complejidad de la situación, al no considerar la realidad epidemiológica de cada jurisdicción y, principalmente, la vulnerabilidad de grupos específicos de chicos como aquellos que dependen de la alimentación escolar, son hijos de trabajadores esenciales o atraviesan una situación de violencia en el hogar. A todos ellos especialmente el Estado debe garantizarles un retorno seguro y sin dilaciones a las escuelas.

Otro punto central es la puesta a punto de la infraestructura escolar para comenzar el ciclo lectivo en condiciones aceptables. No solamente la adecuación de los ambientes que exigen los protocolos sanitarios anticovid, sino el estado de baños, mobiliario y servicios después de tantos meses con escaso mantenimiento y obras interrumpidas.

Cuando pedimos hacer todo lo posible para que en marzo se concrete el regreso a las aulas nos referimos precisamente a esto. A una interpretación global de la crisis educativa y sus ramificaciones. Es inútil y hasta peligroso insistir con la idea de tomar partes de la realidad sin hacerse cargo de la película completa. No hace falta ir muy atrás para aprender de la experiencia.

De ninguna manera queremos poner en riesgo la salud de los estudiantes y sus familias. Al contrario. Queremos escuchar anuncios basados en un diagnóstico responsable y amplio de la realidad, no respuestas automáticas que incrementan el desconcierto de grandes y chicos. La subestimación del hecho educativo como herramienta inclusiva e igualadora equivale a asegurarles un futuro desolador a las próximas generaciones. Por ahí pasa el debate más trascendente de los últimos tiempos en la Argentina.

Por: ALEJANDRA LORDÉN

Diputada Provincial PBA

Vicepresidente UCR Nacional

Fuente: Clarin.com https://www.clarin.com/…/crisis-educativa-menosprecio…